Buscar este blog

martes, 17 de enero de 2017

blues

Sin dudas mi cabeza era un tremendo blues, denso y contundente, lleno de preguntas y nostalgias.
Tal vez me di cuenta de algunas cosas, pero solo de las que quise comprender. El sol brillaba demasiado para mi gusto, me sentí un fantasma, quise ocultarme con ellos pero yo estaba demasiado vivo. Entonces camine, solo, enfrentando a aquella imponente bola de fuego con orgullo. Como si lo que en verdad estuviera enfrentando fuera mi destino, mi propia vida.
Me colgué de un tren sin rumbo. Claro que el tren tenía rumbo, el que no lo tenía era yo. Otra vez escuche esa monótona melodía, como si le costase arrancar, tan brillante, demasiado trasnochada.
Parecía que aquel tren todo lo dejaba atrás, todo el pasado se esfumaba con cada estación; sin embargo lo único que quedaba atrás eran las estaciones y nada más.
Solo me baje del tren porque tenía ganas de fumar; en otra etapa de mi vida no muy lejana habría encendido el cigarrillo en el vagón sin que nada me importase. Tal vez porque ahora ya tenía un hijo pensaba las cosas de otra manera, con otra reflexión. Sin embargo no todas mis reflexiones se volvieron más sensatas, en algunas cosas seguía siendo el miso  soñador, el mismo trasnochado.
Camine, estaba lejos de casa pero eso no me importaba, sino que me relajaba bastante. Por alguna extraña razón me sentí libre; aquel sentimiento me sorprendió, porque hasta aquel momento siempre había pensado que era libre.
Sonreí y seguí caminando por aquellas calles no santas donde todo lo malo se puede encontrar. Si quisiera exagerar diría que hasta el diablo tiene miedo de pisarlas. Pero yo estaba tranquilo y seguro, porque no creía en diablos ni santos.

Ya sin cigarros y sin un centavo en el bolsillo llegue de nuevo a casa. Escuche sin oír a mi mujer y sonreí junto a mi hijo. Luego me acosté en el sofá y me dormí, escuchando aquel crudo y apacible blues de mi día rezonando mi cabeza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario