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martes, 12 de diciembre de 2017
sábado, 9 de diciembre de 2017
De lo pensado a lo realizado
Lo que tenía pensado realizar resultaba de gran complejidad, pero yo no lo pensaba de tal manera, claro está que era una contradicción en mi persona. Bien sabía yo en mi consciente más presente, que lo pensado, que aún no había sido del todo planeado, era una situación muy compleja, minuciosa, detallista al máximo, si quería que todo saliera sin consecuencias contrarias a mi persona. Pero a la vez tenía la plena seguridad de que resultaría un hecho simple, no tenia porque haber complicaciones. Yo no era una persona capaz de realizar lo que iba a realizar, es más, nadie nunca jamás me creería capaz de un hecho semejante. Aquello hacia las cosas sencillas y a la vez complicadas. Lo complicado era, que si yo no era una persona capaz de hacer algo semejante, como demonios lo llevaría a delante. Si no tenia dicho valor, como lo realizaría. A la vez, aquello mismo me animaba a poder concretar mis pensamientos, el hecho de no creerme capaz me convertía en un ser capaz de realizar un hecho atroz. No lo sé, como un inconsciente que de golpe empujado por las circunstancias mas adversas se anima a todo, a cualquier cosa.Me tire en la cama a mirar tele sin mirar, fumaba, pensaba. ¿En qué pensaba? Ni yo lo sabía bien, en primera instancia debía tomar una decisión, si llevaría a cabo lo pensado o no. El no creerme capaz no implicaba que estuviera asustado, de hecho no lo estaba, no tenía miedo, pero si dudas. No eran dudas de que si lo realizable fuera correcto o no, de eso que dudas podía tener. Lo realizable era completamente incorrecto, no solo era un hecho ilegal que conllevaba la violación de las leyes, y por consecuencia su penalización, siempre y cuando el hecho fuese descubierto. Sino que también resultaba incorrecto desde el punto de vista moral, sobre todo desde mi moralidad personal. Mi moral nunca me había permitido avalar un hecho atroz, y seguía sin permitírmelo. Aquello no conllevaba a que mi no aval de dicha conducta me impidiera llevarla a cabo, claro está, me encontraba en una gran contradicción. Si tenemos en cuenta que el hecho de asesinar a una persona siempre lleva una gran contradicción. Sobre todo cuando se trata de un delito lisa y llanamente, y no de una defensa personal o un hecho de necesidad exculpante. Matar a dicha persona conllevaba el cobro de un dinero, un seguro de vida. La víctima era mi hermana. Yo amaba a mi hermana y ella a mí, por ese motivo yo era el beneficiado de aquel seguro si ella moría. Mi hermana Aldana tenía cáncer, claro está que aquel seguro lo había sacado antes de enfermar, sino nadie le daría un seguro de vida. Yo tenía dos opciones, o esperar su muerte o, adelantarla. También cavia la posibilidad de que Aldana se curase, entonces yo no cobraría aquel seguro quien sabe hasta cuándo, tal vez yo muriese primero que ella. Debo repetir que yo amaba a mi hermana, pero tal vez amaba mucho más la plata o, mi propia vida, y en verdad la necesitaba. Si Aldana hubiese tenido la cantidad de dinero que yo precisaba, me la hubiese dado sin problemas, el hecho era que ella no contaba con dicha cantidad. No tenía más opción que matarla, sino al que matarían, seria a mí.
Trate de hacerlo pasar por un suicidio, ella estaba enferma, no podía mas con su cruenta vida, era una decisión aceptable para cualquier tribunal. La pobre una noche de desesperación no aguanto más y se tiro desde un quinto piso. Dejo una nota escrita en la computadora, no de puño y letra, ese fue un gran error. Yo había estado en la casa ese mismo día pero jamás imaginé que cometería semejante atrocidad. Charle un rato con ella y me marche. Me asegure que me vieran la mayor cantidad de personas posible. Luego entrada la noche regrese, casi como un fantasma, subí por las escaleras de emergencias, esta vez procure que nadie me viera, yo tenía las llaves de la casa de mi hermana. Cuando se arrojo por el balcón me marche, tan ligeramente como había llegado. Bueno, abran escuchado que el cuerpo de un cadáver habla, y el de mi hermana hablo, y por consiguiente yo deje un montón de cabos sueltos. Además de haber perdido las llaves en las escaleras de emergencia. Hoy relato dicho suceso desde la cárcel, claro que me declare culpable, que otra cosa podía hacer. Solo estoy a la espera, mate a mi hermana para poder pagar una deuda y, así salvar mi vida. Pero mi vida ya no me pertenece, y la cárcel no es suficiente, solo es cuestión de tiempo para que vengan por mí, a cobrar dicha deuda con mi vida. Sé que la muerte no me reencontrara con mi hermana, porque ella de seguro esta en el cielo, y el único camino válido para mi es el propio infierno.
Trate de hacerlo pasar por un suicidio, ella estaba enferma, no podía mas con su cruenta vida, era una decisión aceptable para cualquier tribunal. La pobre una noche de desesperación no aguanto más y se tiro desde un quinto piso. Dejo una nota escrita en la computadora, no de puño y letra, ese fue un gran error. Yo había estado en la casa ese mismo día pero jamás imaginé que cometería semejante atrocidad. Charle un rato con ella y me marche. Me asegure que me vieran la mayor cantidad de personas posible. Luego entrada la noche regrese, casi como un fantasma, subí por las escaleras de emergencias, esta vez procure que nadie me viera, yo tenía las llaves de la casa de mi hermana. Cuando se arrojo por el balcón me marche, tan ligeramente como había llegado. Bueno, abran escuchado que el cuerpo de un cadáver habla, y el de mi hermana hablo, y por consiguiente yo deje un montón de cabos sueltos. Además de haber perdido las llaves en las escaleras de emergencia. Hoy relato dicho suceso desde la cárcel, claro que me declare culpable, que otra cosa podía hacer. Solo estoy a la espera, mate a mi hermana para poder pagar una deuda y, así salvar mi vida. Pero mi vida ya no me pertenece, y la cárcel no es suficiente, solo es cuestión de tiempo para que vengan por mí, a cobrar dicha deuda con mi vida. Sé que la muerte no me reencontrara con mi hermana, porque ella de seguro esta en el cielo, y el único camino válido para mi es el propio infierno.
sábado, 4 de noviembre de 2017
sin titulo
El mundo comenzó a perderse mucho tiempo atrás, mucho antes de que yo naciera, mucho antes de que vos nacieras. ¿cuando comenzó el caos?, yo no sabría decirlo, mis padres, mis abuelos; tampoco podría decirlo. aquella extraña frase de que todo tiempo pasado fue mejor. nunca llegue a comprenderla, ¿quizás sea porque todo siguió empeorando hacia adelante? claro que existieron momentos históricos mucho más crueles que el actual, por supuesto que la desidia en algún momento fue mucho peor. ¿quizás en algo mejoramos?, pero eso no me consuela. somos presos de nuestra propia raza pretenciosamente superior a los demás seres vivos, una raza que hace de la destrucción y la auto destrucción y, de la mentira como algo culturalmente aceptado. una raza que abusa del amor verdadero, quitándole sentido al mismo, convirtiéndolo en algo casi inexistente. te odio, y te odio porque sí, porque el pensar diferente no es motivo suficiente para odiar. ¿acaso existe algún motivo aceptable para el odio? millones de personas estarían de acuerdo en que si.cientos de personas estarían de acuerdo en que mueras solo por ser diferente. el mundo es una gran confusión, una especie de basural de pensares y sentimientos humanos. y la contaminación que emana del sudor humano, dificilmente algun dia culmine.
sábado, 7 de octubre de 2017
pacto
Pacto
-Pero al final te salve la vida
-No creí que eras tan básico, o tan arrogante como para creer
que le podes salvar la vida a alguien. Haber, decime que hiciste, ¿me curaste
de una enfermedad mortal?, ¿me sacaste el arma de la boca una milésima antes de
apretar el gatillo?
-Siempre con tu misma ironía, la arrogante sos vos, y te
encanta serlo.
-Soy como soy, y no me encanta serlo, y no ando sacando en
cara las cosas a nadie.
-Yo tampoco lo hago, y sabes a que me refiero cuando digo que
te salve la vida, quizás suene exagerado, pero sabes a que me refiero.
-Lo único que sé es que andas por la vida pretendiendo ser el
salvador del mundo y ni siquiera podes con vos mismo. ¿Por qué no das vueltas
las cosas? Penza que a lo mejor quien te
salvo la vida fui yo. O te olvidas lo que eras cuando te conocí.
-¿Y vos que eras?, ¿estabas mejor que yo?, todo lo tuyo era
una mentira, siempre tuviste miedo de hacerte cargo de lo que realmente sos,
inventaste un mundo que no existe.
-Como podes estar tan seguro que no existe, y ¿si fuese así?,
¿algunas de mis mentiras o mis mundos creados?, ¿te perjudicaron en algo?
-No directamente
-Entonces no te perjudicaron
-No directamente
-Siempre me molesto tu ambigüedad en las respuestas, nunca
podes ser claro. Porque no decís lo que pensas y ya.
-Porque tal vez no haga falta, no me gusta poner en evidencia
a la gente
-Así que sos una persona sensible, no te gusta lastimar a la
gente, y sin embargo más de una vez lo hiciste.
-No con vos
-Eso no te hace mejor persona
-Si me hace mejor persona con vos
-¿Te hace mejor persona decir que me salvaste la vida?, ¿dejando
ver que te debo algo?, que rara forma de bondad, yo creo que te convierte en un
hipócrita, que en definitiva no haces nada por bondad, sino por tratar de ser.
-¿Tratar de ser qué?
-Algo que no sos
-Al igual que vos, la diferencia es que siempre fui sincero
-¿De que manera?, diciendo las cosas a medias, no exponiendo
a la gente en sus miserias, que extraña forma de sinceridad
-Yo no creo en las casualidades, si en las causalidades,
tampoco en la mística de las cosas, sin embargo cuando apareciste me diste una
impresión muy rara, y creí que por algo venias a hacer parte de mi vida, te
sentí distinta, realmente como una persona diferente. Y para serte sincero
pensé que venias a salvarme la vida. Perdón, me retracto, no a salvarme la vida
propiamente dicha, sino a salvar aquel momento de mi vida. Luego las cosas
cambiaron y, pensé que en verdad vos no habías aparecido en mi vida, sino que
yo había aparecido en la tuya y que era yo quien debía de hacer algo por vos,
que yo debía salvarte la vida o dicho momento de tu vida. Luego las cosas
siguieron cambiando y comencé a quitarle importancia a nuestras vidas en
paralelo, que no éramos mas que dos personas cualquieras que se habían
conocido, y que nada en especial había entre nosotros, y que vos eras lo
bastante astuta como para saber manejar y aprovechar los momentos, me sentí
decepcionado, hasta engañado, entonces seguí sacándole importancia a los hechos
y comprendí que somos diferentes, pero que por alguna razón nos necesitábamos.
-Claro que nos necesitábamos, y si bien puedo llegar a
manipular a la gente cuando lo creo necesario con vos no lo hice. Y no solo nos
necesitábamos, sino que nos necesitamos, pero las cosas se terminan, la vida
son momentos, y con las personas es igual. El mundo sigue girando y no se
va a detener ni por vos ni por mí.
-Entonces todo te importa una mierda
-Si todo me importaría una mierda no estaría hablando con
vos, pero hay que entender una cosa, nosotros no somos iguales a los demás,
nuestras vidas no son iguales a las demás, por algo nos estamos mirando y
hablando, y aunque no lo reconozcamos, preocupándonos el uno por el otro.
Nuestras realidades siempre serán diferentes a las normales, y tal vez siempre
tengamos que estar escapando; y buscar un nuevo lugar donde comenzar de cero
-Somos quienes equilibramos el mundo, las vidas de los demás
con nuestras penurias, de alguna forma con nuestros desaires colaboramos para
que al resto les vaya un poco mejor, es necesario vidas como las nuestras para
que todo siga andando, no todos pueden tener una vida casi ideal y no todos
pueden tener el don del sufrimiento y las malas rachas.
-Creo que tu mirada es más pesimista, no la comparto del
todo, yo solo digo que somos distintos, y que hay que aceptarlo, ni mejor ni
peor, solo distintos.
-Entonces, ¿cómo sigue todo?
-No lo sé, quizás ya no siga, quizás todo se esté terminando,
al menos por el momento. Nosotros tenemos una especie de trato.
-Un trato que vos decidiste, algo bastante infantil
-Pero lo aceptaste
-Al fin y al cabo no te salve la vida, eso me queda claro
-No, no me la salvaste, y yo no salve la tuya, simplemente
nos hicimos compañía, nos entendimos y nos quisimos, y vamos a seguir
queriéndonos por siempre con nuestra rara amistad
-¡Nuestra rara amistad!
-Son tus palabras
-Por eso digo poco, no hay que decir cosas que no se puedan
sostener, o que por alguna razón terminen por lastimar a la otra persona.
-Seguís con la misma ambigüedad, decís que me salvaste la
vida, y ahora decís que las palabras pueden lastimar y que se yo que mierda. O
sea que sostenes que me salvaste la vida.
-No, sostengo que no puedo mantener una relación con una
persona sin que todo termine por complicarse, al fin y al cabo somos amigos,
eso no tendría que tener demasiadas complicaciones.
-Nosotros no somos amigos, no somos novios, no somos amantes,
somos mucho más que todo eso, aunque suene cursi.
-Y por eso lo complicado del asunto, preferiría que solo
fuéramos conocidos y ya.
-Entonces te arrepentís de haberme conocido
-No para nada, me arrepiento de que esa valija solo tenga
ropa para uno, que solo haya un pasaje, y que ese pasaje sea solo de ida.
-Eso no es tan complicado de cambiar
-Sabes que es mucho más complicado, sino no estarías
escapando.
-Yo no me escapo
-Si, te escapas, no solo de mí, sino de toda tu vida, y yo ya
no puedo ser parte de eso, no puedo ser parte de algo que ya no corresponde a
tu vida, y tampoco a la mía. Hay que aceptarlo, somos diferentes al resto, y
también somos diferentes entre nosotros.
-Te prometo que no vas a desaparecer de mi vida por mas que
ya no te vea, y no vas a dejar de sonreír cada vez que pienses en mi
-¿Y entonces como sigue?
-Dentro de tres o cuatro años, desde ahí se sigue, como lo
acordado, y no hay nada de infantil en eso. Cuando todo haya cambiado
verdaderamente, cuando pueda mirarte a los ojos y decirte ahora sí.
-¿Y si yo ya no lo quiero?, ¿si no tengo ganas de esperar?, ¿si
no quiero tu si dentro de tres o cuatro años?
-Es un riesgo que tengo que correr, pero quédate tranquilo,
que el día que me vuelvas a ver no vas a poder negarte a mi sí
-Y el arrogante soy yo, jajá
-Chau, me voy, pero un día vas a volver a verme y voy a estar
esperando tu respuesta con ansias.
-Chau, nos vemos en tres o cuatro años. Pero tene presente
que el tiempo no siempre cambia las cosas ni las mejora, es más, a veces puede
empeorarlas.
-Yo sé de eso, pero qué más da, tal vez en un par de meses
todo se desvanezca y pierda importancia el volver a vernos. Pero hoy prefiero
marcharme con la ilusión, después de todo que otra cosa tenemos en la vida.
-No lo sé. Buen viaje, y un posible hasta pronto
jueves, 21 de septiembre de 2017
miércoles, 20 de septiembre de 2017
Historias breves. La realidad y la manipulación de nuestras mentes, reacciones impensadas en seres de apariencia normal ¿pero que es lo normal? Historias que eligen ir más allá de lo permitido por nuestra moral y formación mental. Nadie está fuera de la locura que se posa a manipular nuestra creencia sobre la cordura. Disponible en Amazon Kindle
miércoles, 6 de septiembre de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
De lo pensado al resultado
De lo pensado al resultado
Lo que tenía pensado realizar resultaba de gran
complejidad, pero yo no lo pensaba de tal manera, claro está que era una
contradicción en mi persona. Bien sabia yo en mi consiente más presente, que lo
pensado, que aun no había sido del todo planeado, era una situación muy
compleja, minuciosa, detallista al máximo, si quería que todo saliera sin
consecuencias contrarias a mi persona. Pero a la vez tenia la plena seguridad
de que resultaría un hecho simple, no tenia porque haber complicaciones. Yo no
era una persona capaz de realizar lo que iba a realizar, es más, nadie nunca
jamás me creería capaz de un hecho semejante. Aquello hacia las cosas sencillas
y a la vez complicadas. Lo complicado era, que si yo no era una persona capaz
de hacer algo semejante, como demonios lo llevaría a delante. Si no tenia dicho
valor, como lo realizaría. A la vez, aquello mismo me animaba a poder concretar
mis pensamientos, el hecho de no creerme capaz me convertía en un ser capaz de
realizar un hecho atroz. No lo sé, como un inconsciente que de golpe empujado
por las circunstancias mas adversas se anima a todo, a cualquier cosa.
Me tire en la cama a mirar tele sin mirar, fumaba,
pensaba. ¿En qué pensaba? Ni yo lo sabía bien, en primera instancia debía tomar
una decisión, si llevaría a cabo lo pensado o no. El no creerme capaz no
implicaba que estuviera asustado, de hecho no lo estaba, no tenía miedo, pero
si dudas. No eran dudas de que si lo realizable fuera correcto o no, de eso que
dudas podía tener. Lo realizable era completamente incorrecto, no solo era un
hecho ilegal que conllevaba la violación de las leyes, y por consecuencia su
penalización, siempre y cuando el hecho fuese descubierto. Sino que también
resultaba incorrecto desde el punto de vista moral, sobre todo desde mi moralidad
personal. Mi moral nunca me había permitido avalar un hecho atroz, y seguía sin
permitírmelo. Aquello no conllevaba a que mi no aval de dicha conducta me
impidiera llevarla a cabo, claro está, me encontraba en una gran contradicción.
Si tenemos en cuenta que el hecho de asesinar a una persona siempre lleva una
gran contradicción. Sobre todo cuando se trata de un delito lisa y llanamente,
y no de una defensa personal o un hecho de necesidad exculpante. Matar a dicha
persona conllevaba el cobro de un dinero, un seguro de vida. La víctima era mi
hermana. Yo amaba a mi hermana y ella a mí, por ese motivo yo era el
beneficiado de aquel seguro si ella moría. Mi hermana Aldana tenía cáncer,
claro está que aquel seguro lo había sacado antes de enfermar, sino nadie le
daría un seguro de vida. Yo tenía dos opciones, o esperar su muerte o,
adelantarla. También cavia la posibilidad de que Aldana se curase, entonces yo
no cobraría aquel seguro quien sabe hasta cuándo, tal vez yo muriese primero
que ella. Debo repetir que yo amaba a mi hermana, pero tal vez amaba mucho más
la plata o, mi propia vida, y en verdad la necesitaba. Si Aldana hubiese tenido
la cantidad de dinero que yo precisaba, me la hubiese dado sin problemas, el
hecho era que ella no contaba con dicha cantidad. No tenía más opción que
matarla, sino al que matarían, seria a mí.
Trate de hacerlo pasar por un suicidio, ella estaba
enferma, no podía mas con su cruenta vida, era una decisión aceptable para
cualquier tribunal. La pobre una noche de desesperación no aguanto más y se
tiro desde un quinto piso. Dejo una nota escrita en la computadora, no de puño
y letra, ese fue un gran error. Yo había estado en la casa ese mismo día pero
jamás imaginé que cometería semejante atrocidad. Charle un rato con ella y me
marche. Me asegure que me vieran la mayor cantidad de personas posible. Luego
entrada la noche regrese, casi como un fantasma, subí por las escaleras de
emergencias, esta vez procure que nadie me viera, yo tenía las llaves de la
casa de mi hermana. Cuando se arrojo por el balcón me marche, tan ligeramente
como había llegado. Bueno, abran escuchado que el cuerpo de un cadáver habla, y
el de mi hermana hablo, y por consiguiente yo deje un montón de cavos sueltos.
Además de haber perdido las llaves en las escaleras de emergencia. Hoy relato
dicho suceso desde la cárcel, claro que me declare culpable, que otra cosa
podía hacer. Solo estoy a la espera, mate a mi hermana para poder pagar una
deuda y, así salvar mi vida. Pero mi vida ya no me pertenece, y la cárcel no es
suficiente, solo es cuestión de tiempo para que vengan por mí, a cobrar dicha deuda con mi vida. Sé
que la muerte no me rencontrara con mi hermana, porque ella de seguro esta en
el cielo, y el único camino balido para mi es el propio infierno.
miércoles, 2 de agosto de 2017
domingo, 23 de julio de 2017
La chica del barrio
La chica del
barrio
Para llegar al final de dicha historia primero
tendré que re retrotraerme a la edad de trece años. Comenzaba a ser un adolescente
y a descubrir muchas cosas, sin dudas iniciaba el viaje al fin de la inocencia.
Me urgía dejar la niñez atrás, me urgía la rebeldía, sin saber muy bien que
significaba ser un rebelde. Pensé que lo primero que debería incorporar a mi
nuevo ser seria los vicios. Entonces comencé a fumar, pero no tragaba el humo,
ninguna de mis amistades se daba cuenta de ello, o tal vez todos nos
desentendíamos porque en verdad ninguno tragaba el humo del tabaco. Así pasaba
mis días, comprando cigarrillos con el dinero que mis padres me daban,
escuchando música de rock, “para sentirme más rebelde”, sintiendo una gran
curiosidad por aquellos seres, que en ese entonces yo entendía que eran todos
borrachos y drogadictos; y claro, yo quería ser uno de ellos.
Las drogas siempre me causaron curiosidad, pero a
mis trece años no sabía dónde comprarlas ni cómo hacerlo: No me tomaría mucho tiempo descubrirlo. Pero en aquel
entonces no lo sabía y lo más cercano a las drogas que teníamos era el alcohol.
Lo comprábamos en cualquier kiosco, por más que su venta estuviera prohibida a
los menores. Nos embriagábamos asquerosamente, pensando que eso tenía que ver
con la rebeldía y con la vida misma. A los trece años ya vomitaba mi bilis y
experimentaba la resaca. Pero seguía siendo un niño inocente que nada sabia del
tema que mas curiosidad me despertaba, las mujeres. A esa edad solo había tenido
una novia que me había durado solo unos meses, hasta que ella me dejo. Yo era
un chico tímido e inexperto, ella no era tímida pero si inexperta, pero con
muchas ansias de dejar de serla. Yo también quería dejar de ser virgen, y por más
que aquella chica me diera todas las pautas para que ambos dejáramos de serlo,
yo no me animaba. La chica tenía mi misma edad y la misma calentura que yo, si
no más. Pero yo no me animaba a dar el siguiente paso. Siempre teníamos su casa
a plena disposición, sus padres nunca estaban y era hija única. Nos besábamos
con aquel ardor adolescente que jamás encontrara comparación en el trascurso de
nuestros años. Yo manoseaba sus tetas y su culo y de inmediato llegaba a la
erección, pero me daba vergüenza cuando ella lo descubría y me apartaba.
Terminaba masturbándome en mi casa y arrepintiéndome por no haberle hecho el
amor. Así que finalmente me dejo, calculo que se habrá ido con otro que si supo
arrebatarle la virginidad. Para ese entonces había otra chica que me volvía
loco, no solo a mí, sino también a mis amigos. Siempre la veíamos pasar por la
calle, nosotros solíamos parar en una esquina donde jugábamos al metegol y
fumábamos cigarrillos. Aquella chica seria unos quince años mayor que yo, era
hermosa y exuberante. Se paseaba con sus grandes pechos, que en verdad no lo
eran tanto, pero a mí me resultaban imponentes. Sus labios eran puro sexo al
igual que su actitud. Pero claro, ella jamás reparaba en ninguno de nosotros.
Siempre andaba con hombres más grandes que ella, preferentemente que tuvieran
algún vehículo. Y yo no tenía siquiera una bicicleta. Pero la vida me dio una segunda
oportunidad, y quince años después la volví a encontrar. Los años no habían
sido demasiado amables con ella, pero seguía teniendo aquellos labios sensuales
y aquella postura erótica, tal vez sus pechos ya no me resultaran tan
imponentes, pero sentía las ganas de posarlos sobre mis labios. Comprendí que
aquella mujer que pasaba los cuarenta años nunca dejaría de destilar sexo en su
transpiración y jamás perdería aquella mirada felina que solo sabia provocar.
Aquella mujer podía tener setenta años y estar en una silla de ruedas que jamás
perdería la avidez por el sexo, y siempre encontraría a alguien que estuviera
dispuesto a acostarse con ella.
Me sorprendió mucho cuando me reconoció, yo pensaba
que jamás me había puesto la mirada encima, sin embargo me dijo: “sos el chico
del barrio, aquel que junto a sus amigos jamás dejaban de mirarme, eras muy
chico, pero ahora podríamos decir que las edades se han equiparado, ya tenes
mis mismos años.” Sonreí, y ella comenzó a sacarse la ropa. Entonces me sentí
aquel chico de trece años, virgen, a punto de dejar de serlo con la chica que
acaparaba mi imaginación por las noches en mi cuarto. La tome torpemente, la
penetre de igual manera y eyacule rápidamente. Me sentí avergonzado, no era un
eyaculador precoz ni un inexperto en temas sexuales. Pero en aquel momento
volví a tener trece años y a ser virgen, cuando comprendí que ya no lo era, que
aquella mujer de cuarenta y tantos años me había desvirgado por segunda vez. Volví
a tomarla. Pero para variar como es debido, y le hice el amor como una mujer de
su talla lo merece. Lo hicimos casi por dos horas, sentí que le estaba haciendo
el amor a aquella mujer como nunca antes se lo había hecho a nadie. Y ella
sentía lo mismo, nunca nadie antes la había cogido como yo lo estaba haciendo.
La mujer disfrutaba, se entregaba y a la vez me enseñaba, la chica del barrio
era mía y yo era todo suyo.
Nos desvanecimos en la cama, ella se quedo dormida
con una sonrisa en su rostro. Yo no tenía tiempo de quedarme dormido, me vestí,
le deje los trescientos pesos sobre sus tetas además de una buena propina, y me
fui del hotel antes de que el turno llegara a su fin.
martes, 20 de junio de 2017
viernes, 2 de junio de 2017
OLVIDO
Cuando me hablaste por última vez tenías la mirada muerta, los ojos ahuecados como dos cavernas. Llorabas, pero tus lagrimas estaban secas; pero claro que lloraste, porque sabias que no ibas a volver. Nunca me lo dijiste, pero no hacía falta, si era algo que yo ya tenía asumido. No existía ninguna sorpresa en tu huida, siempre supe que te marcharías, que te escaparías, como siempre supe de tus mentiras, de tus engaños. Y no hablo del engaño con otro hombre, sino que me engañaste con tu vida, con tu pasado, y hasta con la predicción de tu futuro. Y hoy la piel se me eriza al recordarte, al sentir el aroma de tú piel en cada mujer que cruzo. Y lloro como un niño, mis lágrimas arden quemando mi piel y lo que queda de mi alma, esa que vos te llevaste el día que te marchaste. No como las tuyas, que ni siquiera sabían a sal. Porque bese tus ojos cuando lloraste, esas dos inmensas cavernas tratando de encontrar el sabor del dolor, pero tus lágrimas nunca me supieron al dolor. ¿Cómo se puede llorar sin sentirlo?, y yo ¿cómo pude aceptar todo aquel perverso juego? fingías una vida que no tenías, un mundo que no existía, y yo, fingía que de nada me daba cuenta. Cuantas veces habré pensado:" si te dejo hablar, si te dejo caminar por el filo del engaño, es porque no quiero ponerte en evidencia, tal vez mañana recapacites" creyendo que de aquella forma te ayudaba en algo. Pero lo peor de todo fue que vos siempre tuviste presente que yo sabía que mentías, y me dejaste caminar por esa cornisa del engaño tácitamente pactado. Pero un día te fuiste, y yo jamás salí a buscarte. ¿Qué sentido tendría hacerlo? lo que si no pude evitar, fue hablar de vos, no de manera despectiva, sino que necesitaba exorcizarte de mi vida de alguna forma. Hable de vos con todo el mundo. Extraña forma de querer olvidarte, de sacarte de mi vida. Pero era la única forma de apagar el dolor de aquello que se había destruido en nuestras vidas antes de empezar a ser construido.Hoy solo me queda una certeza, que el olvido no existe, y que si alguna vez te cruzo por la calle no voy a detenerme. Porque aunque el olvido no exista ya jamás podre recordar tu rostro, porque nunca supe en verdad quien fuiste, y por ese motivo, nunca más podre reconocerte.
domingo, 28 de mayo de 2017
viernes, 19 de mayo de 2017
lunes, 8 de mayo de 2017
historias psicológicas a traves del espejo roto
Sin dudas mi cabeza era un tremendo blues, denso y contundente, lleno de preguntas y nostalgias. Tal vez me di cuenta de algunas cosas, pero solo de las que quise comprender. El sol brillaba demasiado para mi gusto, me sentí un fantasma, quise ocultarme con ellos pero yo estaba demasiado vivo. Entonces camine, solo, enfrentando a aquella imponente bola de fuego con orgullo. Como si lo que en verdad estuviera enfrentando fuera mi destino, mi propia vida. Me colgué de un tren sin rumbo. Claro que el tren tenía rumbo, el que no lo tenía era yo. Otra vez escuche esa monótona melodía, como si le costase arrancar, tan brillante, demasiado trasnochada. Parecía que aquel tren todo lo dejaba atrás, todo el pasado se esfumaba con cada estación; sin embargo lo único que quedaba atrás eran las estaciones y nada más. Solo me baje del tren porque tenía ganas de fumar; en otra etapa de mi vida no muy lejana habría encendido el cigarrillo en el vagón sin que nada me importase. Tal vez porque ahora ya tenía un hijo pensaba las cosas de otra manera, con otra reflexión. Sin embargo no todas mis reflexiones se volvieron más sensatas, en algunas cosas seguía siendo el miso soñador, el mismo trasnochado. Camine, estaba lejos de casa pero eso no me importaba, sino que me relajaba bastante. Por alguna extraña razón me sentí libre; aquel sentimiento me sorprendió, porque hasta aquel momento siempre había pensado que era libre. Sonreí y seguí caminando por aquellas calles no santas donde todo lo malo se puede encontrar. Si quisiera exagerar diría que hasta el diablo tiene miedo de pisarlas. Pero yo estaba tranquilo y seguro, porque no creía en diablos ni santos. Ya sin cigarros y sin un centavo en el bolsillo llegue de nuevo a casa. Escuche sin oír a mi mujer y sonreí junto a mi hijo. Luego me acosté en el sofá y me dormí, escuchando aquel crudo y apacible blues de mi día rezonando mi cabeza.
CENICERO
Trate de buscar una descripción análoga para la sensación del estado de mi garganta. Pero no la encontré, aunque sabía concretamente lo que sentía. Por esa misma razón comprendí que no valía la pena buscarle poesía a mi garganta dolorida y carrasposa. Quise levantarme de golpe de la cama, en ese mismo momento un esquimal me clavó un arponazo en el hemisferio izquierdo de mi cien. "La puta madre" dije para mis adentros, es que tenía miedo de levantar la voz y que un nuevo arpón se clavara sobre mi cabeza. Claro que no era la primera vez que me sentía muerto en vida, con la boca seca y con la sensación de que ningún glaciar en vías de extinción sería capaz de calmar mi sed. Pero ahora se sumaba algo nuevo, la sensación de estar perdiendo la juventud, la sensación de ya no estar para dichos trotes. Eso era algo triste y hasta caprichosamente injusto; sin dudas la perdida de la juventud es cruel. No poder soportar las resacas con altura con la sensación y las sospechas de que dentro de algunos años podríamos llegar a convertirnos en unos adictos etílicos y, con el correr de los años en unos viejos de mierdas y alcohólicos. Ni siquiera me lave la cara, me senté en el sillón del comedor y prendí un cigarrillo. No recordaba si la noche anterior había salido o me había emborrachado en mi casa con amigos o, completa mente solo. De golpe divise un bulto extraño tirado en el suelo, se encontraba detrás de la mesa, lo que me complicaba un poco la visión. Me levanté y me dirigí al lugar del bulto y mis sospechas se concretaron. El cuerpo de una chica estaba tirado en el suelo con la cabeza y rostro ensangrentado. Hice fuerza para recordar a la chica y finalmente lo conseguí, aquella mujer había estado en mi casa la noche anterior compartiendo una reunión de amigos que ahora se me venía a la mente. Seguramente aquella chica era una prostituta, aunque no lo tenía muy en claro. Sobre las tetas de la chica había una nota escrita, la tome y la leí. Nosotros no matamos a la chica, ella sola se resbalo mientras bailaba arriba de la mesa, y se rompió la cabeza. Perdón pero nos asustamos, vos ya te habías ido a dormir y no te quisimos despertar, así que nos fuimos. Espero que no tengas problemas para solucionar lo de la chica. Estos hijos de puta me habían dejado un cadáver en mi casa y esperaban que no tuviera problemas. Siempre había tenido la sensación de no elegir bien a mis amigos y, ahora lo confirmaba. Sin duda estaba viejo para todo esto, y mucho más para ir a la cárcel. No sabía qué carajo hacer con esa chica muerta en mi casa y, aparte la resaca que traía encima amenazaba con matarme a mí. Encendí otro cigarrillo, camine de un lado a otro por ese gran cenicero que era mi casa. Primero trate de recordar quienes eran las personas que habían estado en mi casa la noche anterior. Cuando logre hacerlo trate de ubicarlos por teléfono. Pero nadie atendió mis llamadas. ¿Cual era la mejor forma de desaparecer un cadáver?, sin dudas yo no lo sabía. Pensé cortarla en pedacitos dentro de la bañera para que se desangrara lo suficiente, luego la metería en bolsas de consorcio, las pondría en el baúl del auto y las llenaría a tirar a algún basural de cielo abierto que abundan en el gran Buenos Aires. Arrastre el cuerpo hasta el baño, desnude a la chica, pensaba quemar su ropa. Luego la introduje dentro de la bañera y abrí las canillas. Fui a la cocina por un cuchillo, agarre el más grande y filoso que tenía. Luego pensé que parte del cuerpo sería la primera que debería cortar, entonces entendí que jamás podría destazar un cuerpo con un cuchillo de asador. Mínimamente necesitaría una amoladora. Me sentí frustrado nuevamente. Lave el rostro ensangrentado de la chica y pensé que tendría que envolverla en una frazada, cargarla en el auto y tirar el cuerpo entero en un basurero. ¿Por qué no se me había ocurrido eso primero? Cuando me disponía sacar el cuerpo de dentro de la bañera, el mismo se levantó de un salto. Yo fui a dar hacia atrás golpeándome la cabeza con el inodoro, envuelto en un pánico absurdo. La chica se encontraba confundida y, aun mas yo. Pero no tardo demasiado en darse cuenta donde estaba. "¿Porque estoy desnuda en la bañadera?"- Pregunto -"¿Dónde está mi ropa?, mi turno ya termino, deberán pagarme doble". ¿Como no se me había ocurrido tomarle el pulso a la chica?, la sangre y el cuerpo en el suelo me habían dado la pauta irrefutable de que estaba muerta. ¿Cuántas horas había estado desmayada? Le di el dinero a la chica con un alivio que nunca antes había sentido en mi vida. Se marcho, yo me acosté en el sofá y me dormí pensando que mi boca sabía a cenicero y, que ya no me encontraba en forma para ciertos trotes, y que mis amigos que ya habían dejado de serlo, eran unos cagones y unos hijos de puta.
DOMINGO
No soy un ser tan depresivo o dramático como para estar pidiendo desesperadamente a la muerte que venga por mí. Ni siquiera es que ambicione morir o imagine la muerte en la lejanía del tiempo. Pero hay veces que pido por ella, le pido a dios que me lleve pero claro, si el existe no me llevará. Calculo que me dejaría sufriendo con mi malestar, porque me lo merezco. No soy un enfermo terminal, al menos no en mi presente, el futuro ya dirá. Pero a veces me siento como tal. Sin saber lo que eso significa, siendo completamente injusto con el padecimiento de los pobres enfermos que no tienen cura. Lo mío es una simple exageración, una exageración que casi siempre se hace presente los domingos. Muchos aseveran que el domingo, el último o el primer día de la semana, como quieran denotarlo, es el día ideal para los suicidas. Un día con alto índice de depresión, y en parte comulgo con ello. Hay tristeza en los domingos después del asado, del partido de fútbol. El atardecer que suele ser tan bello y elegante, un domingo se puede convertir en cínico. No hay nada más que hacer y la noche se entristece. El lunes nos empieza a avasallar antes de tiempo. Claro que no todos deben sentir aquel pesar absurdo, deben existir personas que saben disfrutar de un domingo como tal sin darle mayor trascendencia. Yo no a todos los domingos les doy la misma importancia. Los que verdaderamente me pesan son aquellos en los que le pido a la muerte que me lleve. Y debo confesar que lo hago con sinceridad, en aquellos momentos verdaderamente no me importaría morir. Ya les dije que me siento un enfermo terminal, pues ya no soy el de antes, ya no tolero las resacas, el dolor de cabeza, el malestar estomacal, los mareos de la presión. Las ganas de vomitar no se van con facilidad, por más que ya haya vomitado. Y todas aquellas medicinas contra la resaca, verdaderamente a mi no me hacen mayor efecto. Me levanto de la cama, porque no tolero estar todo el día tirado en la misma. Sin embargo me dejo caer en el sillón y allí me quedo durante todo el día. Con el control remoto en la mano, sin mirar nada, solo hago zapping de a ratos, y de a ratos dormito. Sintiendo una lucha feroz dentro de mi cerebro. Claro que miles de veces me dije que ya no me emborracharía más; pero siempre vuelvo al sillón. Es que nunca me prometí dejar de tomar, entonces no tengo ningún reparo en comenzar tomando una cerveza, porque jamás dije que dejaría de beber. El problema es que cuando quiero darme cuenta ya deje la cerveza y me hice amigo del whisky. Entonces claro, como evitar la borrachera, y la resaca del día después. El maldito domingo me castiga y ya no es un día, porque un día que se pierde no puede ser llamado día. Por eso yo calculo que solo tengo un día a la semana, y no siempre. Pierdo cinco días en el trabajo, por las noches trato de relajarme y disfrutarlas. Pero el cansancio es maldito y traicionero y solo te deja dormido en el sillón. Y sin estar borracho, porque entre semana no bebo, aunque a veces pienso que tendría que empezar a hacerlo. No es divertido tener que despertarse para ir a acostarse a la habitación. Yo no tengo tele en mi cuarto y no la tendría. Detesto quedarme dormido con la tele prendida porque luego la misma me despierta, tengo el sueño muy liviano. Y por supuesto que no llego a apagarla antes de que el sueño me venza. ¿Acaso alguien llega? Los sábados pienso que los disfruto, pero no siempre la apreciación obedece a la realidad. Emborracharse no siempre es divertido, salir con amigos no siempre resulta lo esperado. La juventud no es eterna, y por mas neuróticos que seamos esta no consigue ocultar el paso del tiempo. Cuando estaba en pareja disfrutaba los sábados junto a ella, no hacíamos nada, casi no salíamos, y no me emborrachaba tanto. Por lo que podía disfrutar más el domingo; sin embargo no hacía nada. Yo disfrutaba de no hacer nada, pero ella no, entonces nos separamos y comprendí que en verdad no disfrutaba tanto de no hacer nada. Me quede solo, por lo que los sábados trataba de encontrar una chica que me hiciera compañía por ese día, el domingo tenía que desaparecer si o si, dejarme solo con mi resaca. Pero no siempre tenía suerte, no porque no quisieran abandonarme los domingos, sino porque no conseguía ninguna chica los sábados por la noche. Aunque debo confesar que algunos sábados la gloria era toda mía, entonces sentía que la vida volvía a tener sentido. ¿Que mejor que emborracharse junto a una señorita desconocida? Tal vez lo sea emborracharse junto a los amigos, pero desaparece la opción de tener sexo, al menos entre mi grupo de amigos. Siempre me gustaron dos tipos de mujeres: aquellas bonitas con humor recatado, aquellas que te acompañan con una copa pero no se emborrachan, aquellas que dejan que te emborraches sin reprocharte nada pero que te hacen saber cuando debes parar para no pasar el límite. Aquellas mujeres elegantes e insinuadoras pero que no visten como rameras, aquellas mujeres que traen consigo la inteligencia. Con esas mujeres uno puede entablar una relación seria, pero por lo general siempre me dejan. Por otro lado me gustan aquellas mujeres que mas que bonitas son provocadoras, que se emborrachan a la par tuya sin noción de los limites, aquellas mujeres que visten como putas pero que uno distingue que no son prostitutas, aquellas mujeres que están dispuestas a acostarse con uno en la primer noche de encuentro. Esas mujeres no son para entablar ningún tipo de relación seria. Al menos mi prejuicio dice eso. En fin, hoy es domingo y ya van varios domingos que los pasó de la misma manera. Habiendo desperdiciado los sábados para luego poder desperdiciar el domingo, rogándole a la muerte que se acuerde y pase por mí antes que el lunes dominical comience a relucir, haciendo a la agonía mas espesa.
EL SEÑOR SOLO
Comienza a llover y yo descuelgo un álbum de fotos mental. Luego voy y vengo una docena de veces del sillón del living a la cocina. Siempre me olvido lo mismo, la botella de cerveza. Estoy mal humorado, quizás porque estoy solo; en el cuarto de al lado duermen dos criaturas sin pecado, dos criaturas que por suerte no saben de las miserias del adulto. Ellos suelen ser mi única compañía, pero sigo estando solo. La lluvia es cada vez más fuerte, y de repente me inquieta que se corte la luz. Vuelvo a fumar y otra vez me digo que tengo que dejarlo. Ahora me preocupa que mi vuelo mental ya no sea el de antes, ya no es puro, ya no soy un niño. Escucho ruidos, me confundo, no sé si es la lluvia, mi mente, u otra cosa. Estoy paranoico, lo sé. Pero no hay que darles motivos de persecución a un paranoico, porque la destrucción mental será imparable. Y a mí me los dieron, y mi destrucción es inminente. Pero no quiero pensar en ello, no esta noche. Entonces salgo a la calle, abandono a esas dos criaturas, la lluvia me vuelve parte de ella, caminó como un loco, parezco un adicto desesperado en busca de un poco de droga. “¡Mierda!” me digo, “que solo estoy”. Quiero llorar pero no puedo, porque no tengo las ganas suficientes de hacerlo. De repente un segundo de lucidez mental me hace dar cuenta que abandone a esas dos criaturas y me desespero. Regreso a la casa, la puerta de entrada está abierta, no recuerdo si yo la deje así. Entro desesperado; ¡los niños no están!, ¡los niños no están por ningún lado! Me veo morir, pero no puedo hacerlo, debo buscar a los chicos, los busco por toda la casa pero no los encuentro. Vuelvo a salir a la calle, ya no llueve, alguien me grita desde dentro de mi casa, es la voz de un niño, pero no es la de ninguno de mis hijos. Me dice señor solo, señor solo. Y desaparece. ¡Se los llevo, aquel niño desconocido se los llevo!, y me pregunto ¿Por qué? Finalmente el llanto me gana, quedo de rodillas en el suelo. Pero lo que está pasando no tiene sentido, me reincorporo, vuelo al cuarto de los chicos esperando encontrarlos allí, dormidos en sus camas. Pero no están, hace tiempo que no están, y eso no es justo. Regreso al sillón, tomo la cerveza caliente, escribo un cuento infantil: “EL CUARTO MÁGICO”, pienso que se los daré cuando los vuelva a ver, cuando me dejen hacerlo. Quién sabe cuándo será eso: Jamás me comporte mal con ellos, pero, igual no puedo verlos. Porque alguien se encargó de destruir mi cordura, jugando con mi mente y mes sentimientos. Entonces el señor solo, siempre lo estará, por ser un adicto a la paranoia, y sobre todo por ser un alma noble que se dejo destruir,
EL SEÑOR CHARLES
Fumando su cigarro, bebiendo su vaso de alcohol pretencioso y barato. Se estimula a través de la presión. Me mira sin mirar y yo me pongo cada vez más nervioso. Él espera y yo me harto de esperar. Tenemos que largarnos, no sé qué hacemos todavía en aquel bar de mala muerte. Corremos peligro y el señor charles lo sabe. Pero es así, siempre peleando contra su alter ego, pero la puta madre, yo ya no distingo a su yo y a su otro yo. Creo que él tampoco ya lo distingue, tal vez ni le interesa, lo más probable es que no sepa que lo tiene. Pero lo cierto es que corremos peligro y no me animo a decirle: “viejo levántate y rajemos de este lugar antes que terminemos con la yugular abierta”. Pero no me animo, tal vez porque tema a que si abro mi estúpida boca el viejo charles me abra sin suspirar mi maldita garganta… Enciendo un cigarro, bebo un sorbo de mi vaso que contiene aquella bebida alcohólica que no se bien que mierda es pero que el viejo parece disfrutar mucho. Charles parece tranquilizarse, y yo me pongo aun más nervioso. ¿Porque ese tipo tiene esa personalidad que llega a desesperarme? Y aun peor. ¿Por qué sigo trabajando con él, porque sigo dejándome envolver en sus locuras que terminaran por hacer de mí un cadáver tenso e infeliz? -Por qué tienes miedo -El viejo charles hablo. No podía creerlo, el viejo había leído mis pensamientos y estaba respondiendo a mi pregunta en voz alta. Tal vez yo había hecho un soliloquio, pero el viejo no lo había interpretado de dicha forma y había decidido escucharme. Pero no, para mi suerte mental nada de eso había sucedido. El: “por qué tienes miedo” no era tal, sino que era un “¿Por qué tienes miedo?”, una pregunta al estado actual de mi ánimo. El maldito viejo unos segundos atrás estaba hecho una bola de nervios; no podría decir que con miedo, pero si muy nervioso, y ahora me preguntaba que porque tenía miedo. ¿Acaso no era obvio? -¡Porque estamos solo a cinco cuadras de donde matamos a la mujer, porque tú me pones nervioso con tu forma de ser, porque sabes bien que nos vendrán a buscar aquí, porque saben quiénes somos, tú me lo dijiste. Una vez que matamos a la mujer me dijiste que el marido te conocía y que no trabajabas para él, y que sabría de inmediato que tú la habías matado. Eres un viejo de miera, porque no me dijiste que era una venganza personal! -¡Ya cállate!, tienes tu dinero no. Además nunca te dije que era una venganza personal porque no lo es. Yo no hago esas cosas por placer o venganza, soy un simple asesino a sueldo, mato por dinero. Y bien sabes que no siempre lo he hecho, en estos últimos tiempos tuve la maldita costumbre de andar aceptando dinero por matar gente. Pero es un vicio que quiero sacarme, de lo que realmente me arrepiento es de haberte metido a ti en esta suciedad. Aunque solo me acompañes y no te ensucies las manos, yo hago el trabajo sucio. Pero igual estábamos mejor cuando éramos ladrones de guante blanco y yo un alcohólico fracasado. Quise ponerle un poco de pimienta a mi vida y me fui de mambo, no estoy para esto, soy un viejo. Y por otro lado, porque no te marchas si quieres. Acaso estoy apuntando con un arma tu cabeza para que no muevas tu culo de esa maldita silla. El viejo tenía razón, él no me estaba obligando a quedarme, y sin embargo yo seguía sin mover mi sucio culo de aquella silla que venía a ser como una suerte de lotería para mi vida. Cuatro sujetos entraron en aquel roñoso bar y supe que todo estaba perdido. Puse mi mano derecha sobre el revólver que llevaba en la cintura y el viejo charles me dijo: “ni se te ocurra, no seas boludo, de esta salimos vivos sin tirar un tiro”… Insoslayablemente desconcertado me tenía la actitud de charles, aunque siempre se comportara de la misma manera yo no podía superarlo. No podía adaptarme a su forma de ser, ese ir y venir del nerviosismo a la tranquilidad, sus cambios de ánimos abruptos. Todo el tiempo lo sentía pelear consigo mismo tratando de ganarle quien sabe a qué parte de su endemoniado ser. El viejo no se ponía nervioso porque tuviera miedo, simplemente era un arranque de su personalidad, y quizás tampoco se pusiera nerviosa, tal vez era solo la perspectiva de mi mirada sobre él; y no poder descifrarlo me enloquecía. Había decidido que aquella sería la última vez que trabajaría junto al viejo charles, huiría para nunca más volver a verlo, si es que salíamos vivos de aquella situación. Como yo soy el narrador, es obvio que salimos vivos. Tal vez algún día les cuente como conocí al viejo charles, es una historia más que interesante, pero hoy no será el caso. El punto en esta historia es que yo estaba muerto de miedo y no apartaba la mano de mi arma. Uno de los cuatro sujetos di un paso hacia mí y casi imperceptiblemente deposito su revólver sobre mi sien. El viejo charles hablo con tranquilidad: -Saca esa arma de la cabeza del chico, el pobre está asustado. Y tú, pon tus dos manos sobre la mesa. –Ambos obedecimos sin contradecir a charles. Mientras que otro de los cuatro sujetos arrimaba sillas a nuestra mesa. -Mataste a mi esposa. –Un sujeto viejo, de pelo entre cano que parecía ser el jefe fue quien hablo. -Lo siento, pero debía hacerlo, me pagan por ello. -Nunca pensé que tuvieras las agallas para hacerlo. -¿Por qué? ¿Puesto a que es tu mujer, o debido a que es mi joven media hermana? -No lo sé, tal vez por miedo a que yo te mate. -No te la agarrarías con migo, se perfectamente que iras directo al generador, y no al ejecutador. Por otro lado esto fue muy conveniente para ti, querías matarla pero tú si no tenías las agallas. Y te comprendo, no es fácil matar a la persona que uno ama. Para mí no fue más difícil que matar a una persona cualquiera. Para mí no era nadie, y sabes que esa hija de puta me estafo y me dejo en la ruina. Pero ese no era motivo para que yo la matase, no soy un desquiciado rencoroso. Solo un asesino a sueldo. Pero tú si tenías motivo, al igual que el que me ordeno matarla. La perra era bígama, que bien se las hizo, además de estafarlos por mucho dinero. Pero lo peor de todo es que ambos siguen enamorado de ella por más que disfruten que está muerta, agradéceme cuñado, hice lo que nunca te animarías a hacer Aquel relato hecho por el viejo me descolocaba una vez más, simplemente no podía concebirlo como cierto. El viejo una vez más volvía a sorprenderme, encendí nuevamente un cigarro y pedí otra copa. Ya no podía imaginar cómo mierda terminaría todo aquello. Tal vez todo era un sueño, como esos sueños de coma, yo era el paciente moribundo y ni siquiera conocía al maldito charles. Me estaba muriendo y delirando en la cama de un hospital mugriento y repleto de gérmenes asesinos. Pero decidí que lo mejor sería no estar al borde de la muerte y tomar aquella realidad y aceptarla. Como si en verdad yo pudiese decidir mi destino ante la muerte. Lo que teníamos era que el viejo charles me había utilizado para asesinar a su media hermana. En verdad la palabra correcta no sería utilizar, puesto que yo cobraba por mi trabajo, lo correcto sería decir que me había ocultado información. Y que además le había hecho un favor a su cuñado o ex cuñado, daba igual. Pero además tenía otro cuñado, el tipo que le había pagado para matarla, el tipo del cual el cuñado de charles que teníamos sentado junto a nosotros se encargaría de asesinar, al menos era lo que yo venía entendiendo de aquella charla tan rebuscada para mi mente y realidad. Charles había asesinado a su hermana sin que le temblase el pulso y además había cobrado por hacerlo, como un verdadero profesional. Ahora le daba explicaciones al damnificado, pero no con la intención de no ser liquidado por el sujeto, sino como un acto de mera cortesía. Charles sabía que su cuñado no lo asesinaría, porque al parecer le estaba haciendo un favor sin que este se lo pidiese. Y por más que al sujeto le doliese en el alma la muerte de su esposa, sabía que era algo necesario y que charles se lo había resuelto. Entonces no lo mataría, sino que se lo agradecería dejándolo vivo y desquitaría toda su ira con el otro esposo de su difunta mujer. Hasta ahora no le había hecho daño porque sabía que dicho hombre había sido engañado al igual que él, entonces se compadecía y no encontraba motivo para matarlo. Hasta aquel momento que había decidió quedarse con la vida de su mujer. Era una cuestión de orgullo machista y criminal. El asesino intelectual de la hermana de charles tenia los mismos sentimientos para con su rival a quien no conocía pero sabía que existía. La diferencia fue que este se animo a ejecutar sus más bajos instintos encargándole el asesinato al hermano de su mujer sin saber que estos dos fuesen parientes; y claro, charles jamás se lo aclaro ¿Pero como supo el cuñado de charles que el viejo había ejecutado el asesinato? Sin dudas charles se lo había avisado de alguna manera, minutos antes de matarla, quizás. El viejo le había advertido como para que este interviniese y detuviese aquella ejecución. Pero sin embargo había dejado actuar aprobando el accionar de charles. Y ahora se juntaban para dejar las cuentas completamente claras. Esto es lo que yo deduzco, porque en verdad no lo sé a ciencia cierta. No me moleste en averiguarlo, estaba agotado de toda aquella vida y quería cortarla definitivamente. Aquel era asunto de ellos y no mío, cuanto menos supiera mejor. No se dijo mucho más en aquella insólita reunión, los sujetos se marcharon, y el viejo charles se despidió de mi diciéndome: “NOS VEREMOS EN EL INFIERNO”. Pero yo no concebía al infierno como mi lugar en la eternidad. Charles estaba viejo para cambiar, y tampoco quería hacerlo. Pero yo estaba dispuesto a hacer hasta lo imposible para redimirme, y encontrar la paz en mi lecho de muerte.
INTENTO DE POESÍA A FALTA DE ALGO MEJOR
Nunca me creí un poeta, es más, en mi vida leí poesía. Pero sí soy una persona de sentimientos; suelo conmoverme, aunque en algunos momentos de mi vida soy un total insensible. No es ciclotimia, simplemente ambigüedad de sentidos. Pero había una razón que ahora me llevaba a querer escribir poesía. Claro está, la razón era una mujer, la única mujer que había logrado doblegarme. Yo me consideraba un macho, un verdadero hombre, no así un machista. Era de aquellos que no derramaban lagrimas por una mujer, que no mendigaban cariño, que en lo inmediato remplazaba una mujer por otra. Pero esta vez era un niño solo. Aquella mujer me había hecho añicos, y le suplique y llore por ella, deje mi honor en un rincón convirtiéndome en un perro sin hogar, un perro que solo quiere un amo que lo proteja. No en un perro noble de callejear. Entonces escribí una canción para lavar mis culpas, porque en principio me creía culpable, pero la única culpable era ella. Aquella canción tenía poesía, pero no era lo que buscaba, por alguna razón buscaba algo más puro, entonces la rompí y trate de ser un poeta maldito, lleno de angustia y desamor. Me emborrachaba y me hacia el confundido, el distinto, porque estaba verdaderamente lastimado en lo más profundo de mi sentir. Escribía versos cursis ahogados de lágrimas y alcohol, cosas verdaderamente estúpidas, pero sinceras. En cada párrafo no podía evitar la palabra ¡puta!, pero no podía entregarle un poema que la tratase de puta. Pero era lo único verdaderamente natural que me salía dejando la cursilería de lado. Entonces, ¿por qué no tratarla de puta si era lo que más sincero salía de dentro de mí ser? Claro que todo lo demás también era sincero, pero a la vez vacío La amaba, por eso quería escribirle una poesía, convertirla en mi musa, ser yo su único poeta, ya que ella era mi pesadilla onírica y despierta. Yo quería recuperarla, quería demostrarle que aun la amaba, al menos eso pensaba cuando se me ocurrió escribirle una poesía. Pero en mis decenas de intentos de conseguir tan preciada lírica comprendí que había algo más; algo que tenía que ver más con la sinceridad que con el romanticismo. Existía el rencor en mi, sentimientos cruzados. Comprendí que quería decirle que la amaba, pero a la vez quería decirle que la odiaba, que había arruinado mi vida. Pero no aparecía en mi inspiración poética para demostrarle o contarle mi desprecio resiente hacia ella. Un desprecio que por tal no dejaba al ser enamorado de lado ¿o sí? El hecho es que solo con bronca, con austeridad, con honestidad bruta. Solo de aquella forma podía decirle lo malo que sentía por ella. No con dulce poesía. Por eso la palabra "puta" aparecía mecánicamente cada vez que comenzaba a escribir algún verso pretencioso de inspiración romántica. Recapitule: En principio yo me sentí culpable; ella había conseguido que yo me sintiera así. No digo que no tuviera razón. En algunos aspectos puedo llegar a ser una persona descuidada. Y tal vez descuide un poco sus sentimientos: pero de ninguna manera era el culpable de todo. Me había envuelto en una maraña de palabras y llantos tristes, llenos de compasión. Se victimizaba, y yo la creí víctima. Pero en verdad la única víctima era yo. Después de todo era el engañado; ella me había mentido, y no al revés. Sin embargo quise escribirle un poema, pero lo único que fluía con avidez era la palabra "puta" una y otra vez. Puta, puta, puta. Podía llenar docenas de hojas con dicha palabra. Comprendí que esa era mi poesía, pues yo no era un poeta, y un desengaño amoroso no me convertía en tal. Era un hombre herido, triste quizás, pero no un poeta. Solo un hombre resentido que sin dudas no había podido perdonar. Era un hombre enamorado, pero no sabía perdonar, un resentido sin dudas, por eso la palabra puta. Hice un bollo con la hoja y la tire al tacho de basuras junto con las demás. No valía la pena seguir intentado jugar al poeta maldito. Después de todo no tenía sentido, ella no volvería conmigo y yo, jamás la perdonaría.
LA CHICA DEL BAR
Para llegar al final de dicha historia primero tendré que re retrotraerme a la edad de trece años. Comenzaba a ser un adolescente y a descubrir muchas cosas, sin dudas iniciaba el viaje al fin de la inocencia. Me urgía dejar la niñez atrás, me urgía la rebeldía, sin saber muy bien que significaba ser un rebelde. Pensé que lo primero que debería incorporar a mi nuevo ser seria los vicios. Entonces comencé a fumar, pero no tragaba el humo, ninguna de mis amistades se daba cuenta de ello, o tal vez todos nos desentendíamos porque en verdad ninguno tragaba el humo del tabaco. Así pasaba mis días, comprando cigarrillos con el dinero que mis padres me daban, escuchando música de rock, “para sentirme más rebelde”, sintiendo una gran curiosidad por aquellos seres, que en ese entonces yo entendía que eran todos borrachos y drogadictos; y claro, yo quería ser uno de ellos. Las drogas siempre me causaron curiosidad, pero a mis trece años no sabía dónde comprarlas ni cómo hacerlo: No me tomaría mucho tiempo descubrirlo. Pero en aquel entonces no lo sabía y lo más cercano a las drogas que teníamos era el alcohol. Lo comprábamos en cualquier kiosco, por más que su venta estuviera prohibida a los menores. Nos embriagábamos asquerosamente, pensando que eso tenía que ver con la rebeldía y con la vida misma. A los trece años ya vomitaba mi bilis y experimentaba la resaca. Pero seguía siendo un niño inocente que nada sabia del tema que mas curiosidad me despertaba, las mujeres. A esa edad solo había tenido una novia que me había durado solo unos meses, hasta que ella me dejo. Yo era un chico tímido e inexperto, ella no era tímida pero si inexperta, pero con muchas ansias de dejar de serla. Yo también quería dejar de ser virgen, y por más que aquella chica me diera todas las pautas para que ambos dejáramos de serlo, yo no me animaba. La chica tenía mi misma edad y la misma calentura que yo, si no más. Pero yo no me animaba a dar el siguiente paso. Siempre teníamos su casa a plena disposición, sus padres nunca estaban y era hija única. Nos besábamos con aquel ardor adolescente que jamás encontrara comparación en el trascurso de nuestros años. Yo manoseaba sus tetas y su culo y de inmediato llegaba a la erección, pero me daba vergüenza cuando ella lo descubría y me apartaba. Terminaba masturbándome en mi casa y arrepintiéndome por no haberle hecho el amor. Así que finalmente me dejo, calculo que se habrá ido con otro que si supo arrebatarle la virginidad. Para ese entonces había otra chica que me volvía loco, no solo a mí, sino también a mis amigos. Siempre la veíamos pasar por la calle, nosotros solíamos parar en una esquina donde jugábamos al metegol y fumábamos cigarrillos. Aquella chica seria unos quince años mayor que yo, era hermosa y exuberante. Se paseaba con sus grandes pechos, que en verdad no lo eran tanto, pero a mí me resultaban imponentes. Sus labios eran puro sexo al igual que su actitud. Pero claro, ella jamás reparaba en ninguno de nosotros. Siempre andaba con hombres más grandes que ella, preferentemente que tuvieran algún vehículo. Y yo no tenía siquiera una bicicleta. Pero la vida me dio una segunda oportunidad, y quince años después la volví a encontrar. Los años no habían sido demasiado amables con ella, pero seguía teniendo aquellos labios sensuales y aquella postura erótica, tal vez sus pechos ya no me resultaran tan imponentes, pero sentía las ganas de posarlos sobre mis labios. Comprendí que aquella mujer que pasaba los cuarenta años nunca dejaría de destilar sexo en su transpiración y jamás perdería aquella mirada felina que solo sabia provocar. Aquella mujer podía tener setenta años y estar en una silla de ruedas que jamás perdería la avidez por el sexo, y siempre encontraría a alguien que estuviera dispuesto a acostarse con ella. Me sorprendió mucho cuando me reconoció, yo pensaba que jamás me había puesto la mirada encima, sin embargo me dijo: “sos el chico del barrio, aquel que junto a sus amigos jamás dejaban de mirarme, eras muy chico, pero ahora podríamos decir que las edades se han equiparado, ya tenes mis mismos años.” Sonreí, y ella comenzó a sacarse la ropa. Entonces me sentí aquel chico de trece años, virgen, a punto de dejar de serlo con la chica que acaparaba mi imaginación por las noches en mi cuarto. La tome torpemente, la penetre de igual manera y eyacule rápidamente. Me sentí avergonzado, no era un eyaculador precoz ni un inexperto en temas sexuales. Pero en aquel momento volví a tener trece años y a ser virgen, cuando comprendí que ya no lo era, que aquella mujer de cuarenta y tantos años me había desvirgado por segunda vez. Volví a tomarla. Pero para variar como es debido, y le hice el amor como una mujer de su talla lo merece. Lo hicimos casi por dos horas, sentí que le estaba haciendo el amor a aquella mujer como nunca antes se lo había hecho a nadie. Y ella sentía lo mismo, nunca nadie antes la había cogido como yo lo estaba haciendo. La mujer disfrutaba, se entregaba y a la vez me enseñaba, la chica del barrio era mía y yo era todo suyo. Nos desvanecimos en la cama, ella se quedo dormida con una sonrisa en su rostro. Yo no tenía tiempo de quedarme dormido, me vestí, le deje los trescientos pesos sobre sus tetas además de una buena propina, y me fui del hotel antes de que el turno llegara a su fin.
LA HOJA EN BLANCO
Tengo mucho tiempo para leer; debido a que ya no tengo mujer con quien discutir o hablar amistosamente, o ir al cine, o compartir algún programa en la televisión que solo le guste a ella. Tampoco tengo mujer con quien hacer el amor; aquel acto suele llevar tiempo aunque uno sea eyaculador precoz “no digo que lo sea”, es solo un decir. Nos debemos a un cortejo por mas tosco que sea. A veces hasta debemos ser románticos para conseguir un poco de acto carnal con la mujer que amamos. Pero no estoy diciendo que me disguste aquel sentir previo, me gusta el juego de seducir, sobre todo cuando es con una pareja estable, porque ya la conocemos y entendemos cuando la chica en cuestión está dispuesta a tener sexo. Entonces la seducción es solo un juego preliminar, ya sabemos en lo que terminara. Lo difícil es seducir a una desconocida, porque no sabemos cómo terminara, entonces el juego se transforma en trabajo, y uno que no es un seductor nato casi siempre termina por perder a la chica en cuestión. Podría masturbarme, eso no merece juego previo, podría masturbarme veinte veces en el día e igual seguiría teniendo tiempo para leer. Pero no tengo ganas. El problema es que leo y no escribo, tengo una hoja en blanco de hace días frente a mí. Podría tratar de plagiar algo para comenzar, como el personaje de Fogwill “Pablo”, quien plagia la almohada de un cuento de Horacio Quiroga. Pero yo no soy tan bueno, ni siquiera para plagiar. En fin, la musa no baja y se hace presente en mi intelecto. Tal vez porque no crea demasiado en aquello de la musa inspiradora, tal vez porque yo no sea un elegido. Soy un simple trabajador que intenta escribir. Los últimos seis meses fueron los más trágicos de mi vida, por exagerar, porque en verdad no fueron tan trágicos viéndolo a distancia, una distancia que aun sigue siendo estrecha. Tal vez fueron más de seis meses, tal vez un año. Un año que pensaba de transición, de cambio, pero la verdad es que ya me aburre. Al principio no era tan malo, ya que si escribía con frecuencia. Tal vez mi musa era aquellos meses fatídicos de indecisión, de transición. Mi lúgubre penar me hacía escribir; no sé si cosas buenas o malas, pero lo prodigioso era que escribía. Sin embargo ahora tengo una hoja en blanco de hace días, ni siquiera un titulo se me ocurre. Solo leo y envidio a Bukowski y a Fogwill. Que idiota de mi parte, envidiar a tan grandes escritores cuando yo soy un don nadie. Ya escribí sobre mi desgracia, sobre mujeres inventadas, sobre fatídicos sueños. Ya escribí inmensas porquerías, quizás pueda rescatar algún buen relato, de seguro que sí. Tampoco voy a creerme tan malo escribiendo, sino ya lo hubiese dejado de hacer hace tiempo. ¡Pero la puta!, ahora nada se me ocurre y la hoja en blanco se ríe de mi, los libros se ríen de mi. Tal vez tenga que masturbarme, pero no tengo ganas. Quizás deba salir a la calle a buscar una mujer a la que pueda conquistar y convencer de que hagamos el amor. O mejor aún, concurrir a un prostíbulo y elegir a la chica mas voluptuosa, puta y mentirosa. Entonces si tendría sexo, y quizás la hoja en blanco comenzaría a llenarse, gracias a aquella prostituta que me sirvió de musa. Pero no lo creo tan fácil. Me resultaría simple, si escribir sobre aquella trabajadora del sexo: como le hice el amor pagándole, como me hizo creer que era el mejor en la cama, por lo que le deje una buena propina. Pero no tendría valor alguno, no es lo que estoy buscando, tal vez porque no sé lo que estoy buscando. Y la hoja sigue allí esperando; entonces seguiré leyendo y durmiendo, eventualmente comiendo algo y bebiendo algún liquido para no morir. Tal vez también Vaya a trabajar, si entre lectura y sueños recuerdo hacerlo.
LAS COSAS TIENEN MOVIMIENTO
Sentirse encerrado debe ser peor que sentirse deprimido, digo debe ser porque jamás en la vida he estado deprimido, pero si encerrado, no de la forma tradicional, no bajo llaves en un cuarto o en lo que debe ser lo insoportable de la cárcel. Pero si me he sentido encerrado en mi propia vida, no pretendo ser cursi ni derramar lágrimas en mi relato, solo cuento como me siento. Encallado es una de las tantas palabras correctas para mi sentir, lleno de bronca, no de temor, solo de bronca. También de cobardía, podrían decir que cobardía es un sinónimo de temor, yo no estoy tan seguro, no temo al futuro, ni al presente, ni mucho menos a la muerte, pero me siento acobardado. Me resulta difícil cambiar mi vida, ya no quiero a los fantasmas rondando por mi mente, sin embargo siguen ahí. Podría echarlos, decirles que se vayan que ya no me molesten más. Pero no lo hago, seguramente no podría hablar con ellos, ¿conocen a alguien que hable con sus fantasmas?, yo no. Creo entonces que si no se es posible hablar lo mejor es actuar, hacer; entonces los fantasmas se irán. La otra mañana me levante con decisión, estaba a punto de terminar con todo, era hora del cambio, nada ni nadie me iba a detener, sería mi último día en aquel encierro de trabajo sin futuro, sería mi última mañana de angustia. Sin embargo me encalle, me detuve y el encierro nuevamente se apodero de mi pecho. Los fantasmas otra vez se rieron de mi, bailaron a mi alrededor con las mascaras de mi mujer e hijos. Pero yo sabía que ellos no eran los fantasmas, sino que yo era el principal, y el trabajo una especie de parca que amenazaba con mi pronta muerte si dejaba de concurrir a él, ese era mi temor no mi miedo, si es que existe tal diferencia, yo prefiero creer que sí. Cuando regrese a casa las cosas comenzaron a esconderse, objetos inanimados se burlaban de mí haciéndome quedar como un demente ante la mirada de mi familia. Mi mujer y mis hijos se encontraban parados frente a mi persona, observando como me movía para todos lados y miraba a mí alrededor buscando cada objeto que se había ocultado. “No me miren así – grite –, ¿acaso no se dan cuenta que los objetos se burlan de mi?”. Era cierto, los objetos se burlaban de mí, pero claro estaba que mi mujer no lo creía, y tomo mi actitud como un ataque de nervios que roza la locura. Solo el más pequeño de mis hijos me creyó y me ayudo a buscar los objetos que corrían de mí. Para justificarme encontró un cenicero que yo había visto bajar de la mesa, lo encontró justo al borde de la pata del mueble, se lo explique a mi mujer quien me dijo que el cenicero solo se había caído de la mesa. Luego tomo al niño de la mano y le dijo que ya no me siguiera la corriente, que lo único que hacía era confundirme más. Pero yo no estaba confundido. De seguro toda aquella situación extraña tenía que ver con el estancamiento de mi vida, algo estaba pasando y tenía un porqué. Mi mujer llevó a los chicos a su habitación y les ordeno que se quedaran allí jugando; luego me ordeno a mí que me sentara y la escuchara. -¿Por qué haces esto, porque te comportas como un loco? Las palabras de mi mujer me herían, yo no me comportaba como un loco, yo no estaba loco. Las cosas se movían y se ocultaban de mí, ¿qué culpa tenía yo de eso? - ¡No me comporto como un loco!, realmente me ofendes, las cosas tienen movimiento. Si no, ¿por qué no puedo encontrar mis llaves? - Porque nunca las encuentras, porque siempre las dejas en cualquier lado. Aquello tenía sentido para mi mujer porque era cierto, siempre dejaba las cosas en cualquier parte, pero esta vez era diferente, yo había visto a las cosas moverse. La charla concluyo sin dejar nada en claro, al menos para mi mujer que me creía loco. Me acosté pero no tenía nada de sueño, mi esposa dormía profundamente. La luz estaba apagada pero yo distinguía perfectamente la habitación, es que mi vista se había acostumbrado a la oscuridad de la pieza. Entonces sucedió nuevamente, no pude ver como la mesa de luz de mi lado se movió, pero pude darme cuenta cuando trate de prender la lámpara veladora para buscar en el cajón de aquella mesita unas pastillas que me ayudaran a dormir. La mesa de luz se encontraba junto a la puerta del dormitorio cuando debería estar junto a mi cama. Mi primera reacción fue querer despertar a mi esposa, pero claro que no lo hice, no tendría ningún sentido aquel fin. Entonces solo me quede mirando fijamente a la mesa de luz esperando ver su movimiento, pero la muy vil no se movía. De repente escuche un ruido como si alguien arrastrara un mueble, era la mesa de luz de mi mujer que también se movía y se depositaba en el rincón de la pared. Creo que a cualquier persona que le sucediese algo similar relacionaría a semejantes hechos con los fantasmas y espíritus molestos. Pero yo no lo hice, no creía que espíritus rondaban mi casa con el fin de asustarme, para mí era más sencillo, las cosas tenían movimiento. Todos los objetos de aquella habitación comenzaron a moverse, el placard se adelanto hasta el borde de la cama, los zapatos de mi mujer comenzaron a pasearse por toda la pieza causando un ruido que despertaría a cualquier persona; sin embargo mi mujer seguía durmiendo muy profundamente. La noche se paso en un parpadeo viendo a todos los objetos moverse y danzar. El despertador sonó anunciando la hora de levantarse, pero yo no había dormido en toda la noche. Mi mujer se desperezó y estiro el brazo para apagar el despertador que se encontraba en su mesa de luz. Desde ya que no pudo dar con ella, el sonido del despertador la ponía de mal humor y era peor si no lo podía apagar. Salió de la cama al borde del insulto, y de hecho lo pronuncio cuando descubrió el terrible desorden que había en la habitación. Por fin localizo el despertador lo apago y siguió pronunciando insultos dirigidos a mí. Claro está que ella me culpaba de que las cosas del cuarto no se encontraran en su lugar, ¿y yo como iba a explicarle que nada tenía que ver con ello? Solo escuche los insultos de mi mujer en silencio, no le dije que las cosas se habían movido durante toda la noche, pero tampoco le di la razón de ser yo el culpable. Solo me vestí y me dirigí al trabajo que tanto detestaba. No tenía ganas de realizar mi trabajo, como me pasaba siempre, pero la diferencia fue que esta vez no lo realice, sino que me encerré en el baño a pensar lo que me estaba pasando. Pensé porque había tardado tanto tiempo en descubrir que los objetos inanimados en verdad no eran tal cosa, pensé porque nunca antes los había visto moverse. Tal vez era porque nunca antes se habían movido delante de mí. Golpearon la puerta del baño varias veces, me preguntaron si estaba descompuesto y toda esa sarta de boludeces. Yo no respondí, entonces siguieron preguntando y pude notar que en sus tonos de voces comenzaba a reinar la desesperación. Tal vez pensaban que estaba muerto en el escusado, que había muerto mientras cagaba. Entonces decidí salir antes que ellos decidieran tirar la puerta abajo. Una vez fuera del baño mis compañeros volvieron a preguntarme lo que ya me habían preguntado, yo seguí sin responder y me dirigí a la oficina del jefe para presentar mi renuncia. Me sentí realmente libre, el encierro había dejado de presionarme el pecho. No sé cómo ni porque pero las cosa en movimiento habían ayudado a que yo por fin tomara aquella decisión. Ahora estaba seguro que los fantasmas dejarían de rondar mi cabeza por siempre. Llegue a mi casa muy calmado, salude a mi esposa e hijos con el placer de quien no carga nada sobre sus hombros, ninguna responsabilidad maldita. Busque en la heladera una cerveza fría, sentía muchas ganas de beber, pero Las cosas tienen movimiento no la encontré. Yo no era muy habitúe a tomar alcohol entre semana. Entonces solo me senté en el sofá y les pedí a mi esposa e hijos que se sentaran junto a mí. Los niños obedecieron alegres, pero mi mujer siguió parada con cara de enfado. Al parecer ella no compartía mi felicidad. Al rato mi mujer envió a los chicos a su habitación, y entonces si se sentó junto a mí en el sofá. - Debes ver a un psicólogo – me dijo con tono serio. - ¿Por qué debería de hacer tal cosa? - ¡Porque no estás bien! - Yo estoy bien, sé que no me crees cuando te digo que los objetos de la casa se mueven, y no estoy diciendo que haya fantasmas en la casa, solo se mueven. No quiero obligarte a que me creas, no lo intentaré, porque creo que tarde o temprano dejaran que tú también veas cómo se mueven. - ¡Por favor!, ¿acaso escuchas lo que dices? Las cosas no se mueven, es irreal, yo nunca veré tal cosa. Era cierto, mi mujer jamás vería tal cosa, pero no porque una taza no fuera capaz de decidir sus movimientos, sino porque ella era diferente y jamás cambiaria, y una silla no se correría por su cuenta del borde de una mesa ante una persona como ella. Lo peor fue cuando le comunique a mi esposa que había dejado mi empleo, que quería empezar una vida nueva y que no necesitaba del trabajo para hacerlo. Por supuesto que aquello termino de desesperar a mi mujer. Entonces me abandono, se llevó a los chicos para que no los arrastrara hacia mi locura. Dijo que cuando yo volviera a hacer el de antes volvería a ver a los niños y tal vez también a ella. Pero yo no quería ser el de antes, y tal vez tampoco quería volverla a ver a ella. Pero que injusto era que se llevara a mis hijos, de seguro ellos veían a los objetos moverse, pero no lo comunicaban porque era algo natural para sus mentes puras y maravillosas. Había tardado muchísimo tiempo en tomar dicha decisión, había tardado muchísimo tiempo en dejar de sentirme acobardado. No podía volver atrás, no tenía sentido hacerlo. Me senté en el piso, no quería molestar a el sofá, pero él se acerco hasta mí invitándome a hacerlo. Entonces me senté en él y contemple a todos los objetos de la casa pasearse libremente por todo el lugar como si fuera una película animada. Mi nueva vida había comenzado, sé que es extraño, algunas personas son afines a otras personas, otras a los animales. Pero yo era afín a los objetos equívocamente llamados inanimados, ellos me guiarían a la libertad de una nueva vida, si ellos podían moverse yo tranquilamente podía comenzar una nueva vida casi surrealista presente en mi mente, despojada de fantasmas y de una esposa incrédula. Solo debería conseguir ver a mis hijos, y así mi libertad seria completa
LAS HOJAS
. Las hojas comenzaron a caer sobre su cuerpo, los sentimientos en él eran confusos: rabia, tristeza, angustia, pero sobre todo rabia. Sentía una rabia inalienable hacia nadie en particular. Las hojas siguieron cayendo, su cuerpo estaba casi cubierto por completo de aquellas hojas crujientes y otoñales. Parecía que todos los arboles del mundo habían decidido depositar sus hojas en desuso sobre aquel cuerpo indefenso que no podía defenderse siquiera de aquel follaje. Parpadeaba, solo parpadeaba; era lo único que aquel cuerpo podía hacer, y resoplar para apartar las hojas de su rostro. Pero cada vez le resultaba más difícil. Sintió al viento cantar y a la hojarasca danzar alrededor de sus oídos, entonces pensó que el manto que cubría su cuerpo se uniría a aquella compañía de canto y danza y que por fin quedaría libre. Pero se equivoco, el manto siguió sobre su cuerpo y las hojas danzantes terminaron su baile sobre el colchón de hojas que cubrían aquel cuerpo. Ya no sabía si era de noche o de día, las hojas lo habían cubierto por completo. Trato de divisar luz a través de los pequeños huecos que las hojas dejaban pero no lo consiguió. Pensó si el aire que se filtraba por esos mismos espacio le sería suficiente para respirar y sobrevivir. Y concluyo que lo mejor sería que no, lo mejor sería morir bajo aquellas hojas que ya se habían convertido en su tumba en vida. Pero claro que él no tenía el poder de decidir. La montaña de hojas cada vez era mayor, podía sentir el peso sobre su cuerpo. Intentaba moverse, pero toda la fuerza que anhelaba hacer para mover alguna extremidad de su cuerpo se depositaban en la gestualidad de su rostro. También intento gritar varias veces, pero no tenia voz, y no sabía porque, no sabía porque estaba mudo y porque todo su cuerpo estaba paralizado. De la misma manera que sentía que lo mejor sería morir, ya que su cuerpo era completamente inútil para desparramar un montón de hojas, también guardaba la esperanza de que alguien lo encontrara. Algún limpiador de parques que recogiera las hojas, algunos niños gustosos de jugar en aquella enorme montaña de hojas. Pero el tiempo corría y nadie sacaba las hojas de aquel lugar. Se podía ver un parque completamente limpio de hojas secas, salvo por un rincón, aquel rincón donde todas las hojas iban a parar, una montaña enorme que esperaba una quema controlada para hacerlas desaparecer. Aquel cuerpo sentía que había resistido más de lo que cualquier cuerpo podría resistir sin agua y comida bajo la intemperie. Nada de lo que estaba sucediendo era normal, la única explicación era que todo fuese un sueño, un sueño interminable tal vez producido por un coma. No cabía dudas, aquella era la respuesta, por eso no podía mover su cuerpo, por eso no podía gritar. Estaba en un estado de coma luchando por su vida. Esa era la respuesta que aquel cuerpo cubierto de hojas quería tomar como racional. Todo lo que estaba viviendo era un sueño de coma, tal vez si lograba sacarse aquellas pesadas hojas de encima conseguiría divisar un triste y frio cuarto de hospital. Se dio cuenta de algo más, lo que le hacía pensar más fervientemente en la teoría del coma. No dormía, desde que las hojas habían comenzado a caer sobre su cuerpo no había dormido, o al menos eso era lo que él sentía. No creyó estar muerto, no aun, le resultaba una situación demasiado rara para la muerte. Aunque desde ya nunca había estado muerto, le parecía que una eternidad como castigo bajo un montón de hojas era algo absurdo. Algo nuevo sintió en su rostro, era algo que aun no había sentido desde que había quedado sepultado en vida bajo aquella montaña de hojas, sintió su cara húmeda, era la única parte de su cuerpo que aun sentía sensibilidad. Sintió como las hojas mojadas se pegaban en su rostro. Dedujo que obviamente estaba lloviendo. Era una sensación demasiado clara y perturbadora como para no ser cierta o pertenecer a un viaje de coma. Algo nuevo se le vino a la cabeza, en realidad era algo que ya se le había cruzado pero no con tal lucidez. Pensó que si todo lo vivido era inducido por un coma, ¿qué tanto tendría de cierto y, que otro tanto de fantástico inducido por los narcóticos que tal vez le estuviesen suministrando, o quizás por la confusión en sí? Si lo fantástico eran las hojas sobre su cuerpo y lo real su cuerpo completamente carente de sensibilidad y movimiento, lo mejor sería que aquellas hojas terminaran por asfixiarlo. Comenzó a desesperarse, era otra sensación que hasta el momento no había experimentado. Ya no tenía certeza si estaba vivo, muerto, bajo un coma, o simplemente soñando confusamente por el abuso de drogas o alcohol. Lo cierto era que ya no quería seguir así, no quería sentir más aquellas hojas sobre su rostro, llenándolo de oscuridad, cubriendo sus oídos del sonido que las hojas secas dan, y también cuando están mojadas por la lluvia. Lo que lo volvía loco era la incertidumbre de no saber por lo que estaba pasando. ¿Cuánto tiempo más podría estar así? Cuando su mente terminaba de formular aquella pregunta sintió los parpados fuertemente pesados y la oscuridad que le brindaban las hojas cambio por la oscuridad que el sueño trae. Al parecer aquel cuerpo finalmente se había quedado dormido. Tal vez cuando despertase nuevamente encontraría la claridad de su confusión. No pudo estimar cuanto tiempo estuvo dormido sin soñar imágenes, pero cuando despertó se encontró en la misma situación en la que se había dormido. Bajo un montón de hojas y, con todo su cuerpo paralizado. Entonces lloro, no tenía más que hacer que llorar y resignarse; Tal vez esperar un milagro, porque estaba paralizado o muerto, o quizás a punto de morir. Él no lo sabía, todo era pura confusión. Su estomago crujió, se dio cuenta que sentía hambre, y también se dio cuenta que sentía sed. No sabía si en el estado de coma o en la muerte, o quizás antes de morir se sentían aquellas necesidades fisiológicas. Así que aquellas nuevas sensaciones no cambiaban su confusión en lo absoluto. Metió algunas hojas aun húmedas en su boca y trato de estrujar toda su humedad lo más posible, pero no consiguió demasiado. Seguía sintiendo sed y hambre. Comenzó a tragar hojas desesperadamente lo más que podía, no lo hacía con la intención de saciar su hambre, sino con la intención de ahogarse con ellas y ponerle fin a su vida si era que aun estaba vivo. Las hojas fueron amontonándose en su garganta y comenzó a producir arcadas. Pudo sentir que se ahogaba, pudo sentir que le costaba respirar. Las arcadas eran fuertes pero no vomitaba nada más que baba seca, bilis, y no era suficiente como para ahogarse en su vomito. Pero sin embargo su plan le estaba dando resultado, las hojas estaban logrando asfixiarlo. Las hojas que habían sido amontonadas prolijamente para ser quemadas no lo fueron. La lluvia había arruinado aquel plan. Una topadora las levantó a todas juntas y las deposito en un volquete de basura para que allí terminaran de pudrirse. El musgo que se formaba le daba una nueva vida a aquellas hojas muertas, un nuevo ecosistema de microbios y gusanos daban vida en aquel cuerpo donde el musgo se encarnaba y se colaba hasta los huesos; y aquel cuerpo invalido solo con lucidez mental seguía en su confusión tratando de descifrar su sueño de coma, su purgatorio, su muerte concreta o su final de vida. Ya no era un cuerpo inerte tapado por hojas, ya no era una persona, ya no era nada que se asemejara a dicha descripción. Ya no era un ser viviendo en dicho plano terrenal. Él mismo se convertía en un nuevo universo, un plano sobre otro plano, un dios creador de un nuevo orden, un orden plagado de insectos y gusanos. Un mundo putrefacto de hojas y cucarachas donde él era el mismo centro de la creación, tan real para esos seres, como tan irreal para su humanidad que dejaba de serlo. Poco a poco fue dejando de respirar, dejándose llevar por esa irrealidad, haciéndose cargo de que un nuevo mundo habitaba en él, y que nada podría hacer para cambiarlo
OLVIDO
. Hoy solo me queda una certeza, que el olvido no existe, y que si alguna vez te cruzo por la calle no voy a detenerme. Porque aunque el olvido no exista ya jamás podre recordar tu rostro, porque nunca supe en verdad quien fuiste, y por ese motivo, nunca más podre reconocerte. Cuando me hablaste por última vez tenías la mirada muerta, los ojos ahuecados como dos cavernas. Llorabas, pero tus lagrimas estaban secas; pero claro que lloraste, porque sabias que no ibas a volver. Nunca me lo dijiste, pero no hacía falta, si era algo que yo ya tenía asumido. No existía ninguna sorpresa en tu huida, siempre supe que te marcharías, que te escaparías, como siempre supe de tus mentiras, de tus engaños. Y no hablo del engaño con otro hombre, sino que me engañaste con tu vida, con tu pasado, y hasta con la predicción de tu futuro. Y hoy la piel se me eriza al recordarte, al sentir el aroma de tú piel en cada mujer que cruzo. Y lloro como un niño, mis lágrimas arden quemando mi piel y lo que queda de mi alma, esa que vos te llevaste el día que te marchaste. No como las tuyas, que ni siquiera sabían a sal. Porque bese tus ojos cuando lloraste, esas dos inmensas cavernas tratando de encontrar el sabor del dolor, pero tus lágrimas nunca me supieron al dolor. ¿Cómo se puede llorar sin sentirlo?, y yo ¿cómo pude aceptar todo aquel perverso juego? fingías una vida que no tenías, un mundo que no existía, y yo, fingía que de nada me daba cuenta. Cuantas veces habré pensado:" si te dejo hablar, si te dejo caminar por el filo del engaño, es porque no quiero ponerte en evidencia, tal vez mañana recapacites" creyendo que de aquella forma te ayudaba en algo. Pero lo peor de todo fue que vos siempre tuviste presente que yo sabía que mentías, y me dejaste caminar por esa cornisa del engaño tácitamente pactado. Pero un día te fuiste, y yo jamás salí a buscarte. ¿Qué sentido tendría hacerlo? lo que si no pude evitar, fue hablar de vos, no de manera despectiva, sino que necesitaba exorcizarte de mi vida de alguna forma. Hable de vos con todo el mundo. Extraña forma de querer olvidarte, de sacarte de mi vida. Pero era la única forma de apagar el dolor de aquello que se había destruido en nuestras vidas antes de empezar a ser construido.
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