¿Qué fue lo que paso,
acaso todo lo que creíste no era cierto?, son malas noticias verdad. Pero no es
el final, no te preocupes, el fin comenzó desde el día que naciste. Todo lo que
ves es efímero. ¿Hay que preocuparse entonces? Yo que te vi llorar y hasta
suplicar, te digo no te preocupes. Como si eso fuera tan fácil. Suena más
contundente decirlo que hacerlo. Pero no te preocupes, tal vez todo no sea un
engaño, tu sonrisa es verdadera, sé que eso no te es suficiente. Porque sabes que tu sonrisa, que mi mirada; no detendrán los males de este
mundo. Y no voy a decirte que no es tu culpa, porque de alguna forma lo es, lo
sos, tanto como lo soy yo. Pero debe haber algo de cierto en todo este maquineo
manicomio, debe haberlo, o no existirías, de eso estoy seguro. Pero claro, la
lluvia no lava las penas, ver salir al sol no alcanza. El conformismo nunca te
sentó bien. ¿Qué fue lo que paso? Debiste no haber creído, ¿pero que fue en lo
que creíste?, si conociste un mundo desecho, lo vez envejecer y agonizar cada
nuevo día. Y vos vas a desaparecer antes que este maldito mundo. Sin embargo,
en algo creíste, y ese es tu penar. Y yo que te dije que no te preocupes, me
atrevo a disculparme por ello. Porque si en algo creíste, como no vas a preocuparte.
Como no vas a despertar cada día con la ilusión del crédulo, no lo digo
despectivamente. Y anhelo que puedas seguir creyendo que algo es verdaderamente
cierto, tal vez eso te mantenga con vida, tal vez yo, ya descreído, este
empezando a agonizar.
blog literario, de relatos, cuentos, pensamientos diversos, comentario, y de todo lo ocurrido y pensado
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sábado, 12 de mayo de 2018
jueves, 10 de mayo de 2018
martes, 10 de abril de 2018
la caceria
La cacería
Era una noche húmeda y calurosa de diciembre, el año comenzaba a llegar a su fin. Para mi había sido un año más, sin penas ni glorias. Un año más sin logros destacados, un año más que no me interesaba despedir, ni darle la bienvenida al nuevo año prospero. La gente suele alborotarse mucho para dichas fechas; no es algo que me moleste, pero en lo personal nunca llegare a comprender dicho alboroto. Tal vez sea una persona carente de emociones. El punto es que el calor agobiaba, estar en el balcón de mi mono ambiente no calmaba la humedad ni el calor. Decidí darme una ducha, luego volví al balcón, encendí un cigarrillo, observe las calles de la pequeña ciudad a la que encontré particularmente vacía. Dicha observación no me perturbó, solo me causo curiosidad. Decidí bajar a las calles a dar una vuelta, no quería seguir en aquel departamento sintiendo una extraña sensación de encierro.
En las calles no corría una gota de aire, aun así podía percibirse la estática que terminaría desatando la tormenta. Camine aletargadamente, sin prisas, no tenía lugar donde ir, más que el retorno a mi departamento. La noche se prestaba para beber una cerveza bien fría, por lo que me dispuse a buscar algún bar abierto para realizar mi cometido. Di algunas vueltas como si en verdad no supiera que bar estaría abierto, era algo que lo tenía en claro. Solo camine para sentir más el calor en mi cuerpo y poder llegar a dicho bar y que se representara en mí como una especie de oasis en medio del desierto, que eran aquellas calles vacías. Salude a Gaspar (el dueño del bar); me acode en el mostrador y di el primer sorbo a la cerveza, el primer trago siempre es el que más se disfruta. Solo había tres o cuatro personas en dicho bar, incluyéndome. La humedad del clima caluroso me calaba en los huesos, en cualquier momento la tormenta se desataría, yo regresaría a mi casa bajo aquel aguacero, no era algo que me preocupara.
Termine de beber mi cerveza, pensé en pedir otra pero con rapidez desistí de la idea. Salí del bar, aun no llovía, pero el cielo ya se encontraba completamente encapotado. Comencé a caminar hacia la esquina con dirección a mi departamento, unos metros antes de llegar a ella una mujer cruzo corriendo a toda velocidad, me detuve unos segundos, la escena me llamo altamente la atención. Guiado por un impulso desvié mi camino y marche en dirección a la que la mujer se había dirigido. No se cual era mi intención, no se si quería encontrar a aquella mujer. El viento comenzó a soplar trayendo los primeros rastros de la pronta lluvia. Las calles seguían desiertas, un automóvil pasó junto a mí a toda velocidad, frenando bruscamente en la esquina. Dos hombres se bajaron de el y se dirigieron a mí. Me preguntaron si no había visto a una chica pasar, me describieron como era, pero yo no había tenido la oportunidad de ver los detalles en aquella mujer. Instantáneamente dije que no, que no había visto a nadie pasar por esas calles. Se retiraron, aquella escena me perturbó, ahora si sentía la necesidad de encontrar a aquella mujer. ¿Pero dónde podía encontrarla?, solo me quedaba caminar, ¿pero hacia a dónde? Solo tenía tres opciones, y resultaban demasiadas. Podía seguir derecho o, virar hacia la izquierda o derecha de la calle. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, como el auto había doblado a la izquierda, decidí seguir mi camino en línea recta.
El viento soplaba con más fuerzas, pero la lluvia aun no se volvía copiosa. Comprendí que cada vez me alejaba más de mi casa por aquellas calles solitarias, donde en el imaginario mental solo podía ocurrir lo peor. De pronto la mujer aparece de la nada y se posa frente a mí, solo a unos cuantos metros, su rostro estaba tapado por su cabello. Atine a decirle “hola” mientras me dirigía hacia ella con cautela. Se mantuvo estática, estando más cerca pude notar que la mujer no era más que una joven que no pasaba los veinte años. Traía las ropas sucias, acerqué mi mano lentamente hacia su rostro, descubriendo el mismo que ocultaba su cabello. Su cara estaba golpeada, levantó la vista y me observo directo a los ojos. “me están cazando”, me dijo, desde ya que no comprendí, pero indudablemente los sujetos del auto la estaban persiguiendo. “ven conmigo le dije”, y comencé a arrastrarla hacia mi casa. En la siguiente esquina el auto nos intersecto, ella gritó y comenzó a correr. No pudo escapar, alguien me golpeó en la nuca y caí al piso, mi mirada era borrosa, el cielo estallo en un inmenso relámpago y el aguacero comenzó a caer ferozmente. Me incorpore como pude, la chica fue golpeada sobre el asfalto y arrastrada hacia las inmediaciones del auto. Quise defender a la chica pero no supe cómo, uno de los sujetos me dijo que me quedara tranquilo, que me encontraba a salvo, señalando a la chica. Como si en verdad me estuvieran salvando de ella. La lluvia era cada vez más torrencial, el agua en mi rostro no me dejaba distinguir casi nada. Uno de los sujetos, de los cuales eran tres, preguntó qué hacían con la chica. Otro respondió que ya no había más que hacer, arrastrándola hasta el desagüe que estaba anegado por el agua, puso su rostro sobre el, pisando su cabeza hasta que la chica se ahogó. Se subieron al auto, uno de los sujetos me pregunto si precisaba que me alcanzaran a algún sitio, que la lluvia era terrible. Al no responderle me dijo “no te preocupes, ahora el mundo está un poco mejor”. Se fueron, me acerqué a la chica, la levante como pude, comencé a llorar, mientras arrastraba su cadáver en dirección a mi pequeño departamento, del cual nunca tendría que haber salido aquella noche de diciembre.
jueves, 22 de marzo de 2018
LA SITUACION
La situación
Me dormía pensando en dicha situación, me despertaba
pensando en la misma; y para colmo de males mis días transcurrieran pensando en
esa situación. Y me preguntaba, ¿no debo ser el único al que le ocurre? ¿Debe
haber cientos, seguro miles de personas a las que les suceda lo mismo? Pero
para ser sinceros aquello no resultaba consuelo para mí. Yo ya no quería que me
ocurriera esa situación maldita, ese pensamiento que jamás se alejaba y cada
vez se hacía más y más presente.
Si me sentaba a tomar un café en algún bar, siempre lo
hacía del lado de afuera, por más que hiciera un frio que escarchase mi frágil
barba, o diluviase, o el calor fuera tan insoportable que lo que uno menos
quiere es estar del lado de afuera, que parecería ser el mismo infierno, sino
que busca un lugar del lado de adentro del mundo con aire acondicionado. Pues a
mí no me importaba nada de eso, si me sentaba en un bar quería estar del lado
de afuera, son dos mundos completamente distintos, eso lo sabe cualquier
mortal, y aunque no lo crean, hace a la diferencia de las personas. Volviendo
al tema de dicha situación que me perseguía amenazantemente y, conectándola con
el tema del bar, a lo que quería ir es que ahí estaba. La persona que se
sentaba del lado de adentro del bar, la persona que se sentaba fuera del bar
que tenia mayor similitud con migo, en todos ellos estaba la situación, mujer,
hombre, no importaba. No importaba el sexo, la religión el país de origen, la
provincia abandonada y entrañablemente recordada. Todo me comunicaba con la
situación. El dilema era que la situación que me perseguía y me atormentaba no
estaba en esas personas, ni en el mozo del bar, ni en los colectivos o taxis.
Estaba en mi cabeza, de eso no había duda.
Necesito
detenerme por un instante y explicar algo. No estoy loco, la situación es real
y existente. Quizás si me haya vuelto un poco paranoico. Pero cuando digo que
está en mi cabeza es justamente por eso, porque no puedo librarme del
pensamiento, pero la situación es fáctica. El dilema es como dejar de pensar en
ella, si ya no se quiere pensar en ella, ¿cómo alejase de ella? si ya no la
quiero cerca. Y sobre todo, como poder descansarde ella, y lo digo
literalmente. Apoyar la cabeza sobre la almohada y dormir plácidamente, sin que
la situación me de vueltas todo el tiempo por la cabeza, por mi mente
perturbada. Quizás esa sea la palabra indicada, soy un perturbado, porque ya
les he dicho que no estoy loco, pero tal vez si perturbado. Ahora, ¿cual es la
distancia definitiva entre la perturbación y la locura? Quizás sea más corta de
lo que uno piensa, pero pensar en ello me volvería loco. Me perturbaría tanto
que terminaría por enloquecer, entonces estando loco la situación que me
persigue ya no sería real, al menos para el resto de los mortales, porque quien
le creería a un loco nada. Entonces el dilema sería muy diferente, porque yo
estaría loco, pero con la certeza y la cordura de que mi situación per
siguiente y asechadora es puramente real. Pero terminaría por confundirme,
llegaría un momento en el cual ya no distinguiría mis raptos de cordura con la
locura concreta, y perdería la visión de la situación que me asecha gracias a
la gran negación de los demás, que han señalado tan arbitrariamente mi
situación para sentenciarla como parte de mi locura. Y si lo pienso bien, eso
no sería ningún problema, mi situación seguiría siendo real. ¿O acaso los locos
no creen en todo lo que imaginan?
El caso es que yo no quiero volverme loco, solo quiero
controlar mi situación, la gente controla sus situaciones todo el tiempo, se
abstraen de la misma, la niegan, salen a correr, las drogan o hacen yoga. Lo
importante es que las controlan, pero yo no lo consigo. Hay días que pienso en
pegarme un tiro. Debo hacer otro paréntesis y explicar que no tengo pulsiones
suicidas, no quiero pegarme un tiro para matarme. Dicha idea la saque de una
película en la cual el personaje se pegaba un tiro para matar a su otro yo.
Digamos al señor hyde, ya deben imaginarse a la película que me refiero. Bueno
el punto es encontrar, justamente dicho punto en mi cerebro donde se encuentra
presente mi situación a la que quiero desaparecer. Y con mucha sutileza pegarle
un tiro, el problema es que si no lo hago bien corro el riesgo de morir, y si
moriría todo el mundo pensaría que fue un suicidio, porque claro, quien
pensaría que el muy imbécil murió queriendo acecinar a esa situación que tanto
malestar le causaba. Y no me interesa quedar a la posteridad como un suicida.
Pensé en ver a un neurólogo, para que tratara de investigar mi cerebro y ver en
qué parte justa se encuentra dicha situación, así entre los dos poder ver de
qué manera pegarme el tiro para no terminar con mi vida. Fue una idea de la
cual desistí muy rápidamente. Ustedes dirán, porque no fue a un psicólogo, y yo
les responderé, ¡claro que fui a un psicólogo!, pero no me sirvió absolutamente
de nada, solo para perder tiempo y dinero. Se pusieron a pensar alguna vez que
un psicólogo es como un amigo pago, te escucha y te da consejos, pero por una
módica suma de dinero. El tema es que la situación sigue rondando en mi cabeza,
pero he de confesar que he logrado dominarla por lapsos muy cortos, en
principio lo considere un avance, si había logrado dominarla al menos por unos
segundos, eso quería decir que si me lo ponía como meta tarde o temprano
lograría tener el control absoluto de dicha situación. Lo que nuestra mente
quiere y fija es lo que conseguimos, la ley de la atracción. Entonces decidí
hacer un trabajo prolijo de tratar de dominar con mi mente aquella situación
que ya no quería más en mi vida. Y lo hacía, todos los días. Por consiguiente
todos los días seguía pensando en la misma situación y la misma seguía tan
pegada a mí como siempre. El simple hecho de pensar que no lo quería hacia que
lo pensara y que creciera cada vez más dentro de mí. La situación me había
dominado, me había oscurecido. Me resigne, que otra cosa podía hacer, si no era
capaz de abolir dicha situación que otra cosa podía hacer. ¿Tratar de convivir
con ella?, ya sabemos que las convivencias no son fáciles y con el tiempo
terminan por destruir a las parejas y separándolas. Entonces comprendí que la solución había
llegado. Esa maldita situación era mi pareja con la cual debía convivir, y como
yo ya no la quería a mi lado el tiempo se encargaría del resto, el dilema era
cuanto tiempo mas debía seguir conviviendo con alguien a quien no deseo, porque
también es sabido de la existencia de parejas que no se soportan, y quizás
hasta se odien pero crean tal simbiosis entre sí que no logran separarse, y por
consiguiente viven el resto de su vida unidos. Entonces, la aparente solución
ya no era tal, la decepción me había inundado, y me pregunte nuevamente que era
lo que debía hacer, por supuesto que no tenía la respuesta. Solo una cosa me
quedaba por hacer, esperar a la muerte, la muerte de mi amarga situación para
la liberación final. Pero otra pregunta me surgió, quien moriría antes, la
espesa y maliciosa situación, o tal vez yo terminaría muriendo antes que ella,
y entonces de esa manera seria ella quien se libraría de mí para siempre. No me
quedaba más que esperar, después de todo lo único que hacemos en la vida es
esperar, esperar el tren, esperar las doce para que sea navidad, esperar el
parto, esperar al amor indicado, esperar no envejecer aunque resulte imposible.
¡Esperar!, y yo debía esperar y tratar de no volverme loco en dicha espera.
Después de todo tarde o temprano la situación se cansaría de mí y se marcharía
tal cual el día que llego. Y si no, bueno, seguiremos juntos odiándonos en esta
vida hasta que la muerte nos separe.
martes, 6 de febrero de 2018
No nacimos rebeldes porque nacimos libres, luego cada institución, la familia, la iglesia, la escuela, fueron destruyendo nuestra libertad. Queriendo moldear nuestra forma de pensar, entonces tuvimos que descubrir la rebeldía, para redescubrir la libertad, destruir todo lo impuesto. La rebeldía siempre será necesaria para conocernos, siempre será necesario un no ante un si eterno. El rebelde no es malo, la rebeldía no es mala. Solo es lo que te quisieron imponer de chicos para poder manejarte con hilos eternos
viernes, 26 de enero de 2018
ALGÚN RELATO PROPIO O AJENO; PRETENCIOSOS DE MELANCOLÍA, LOCURA, Y UNA VIDA LLENA DE EMOCIONES. EL SUEÑOS DE LAS ADORMIDERAS ES EL JUEGO MENTAL DE LO NO ACABADO; DE AQUELLO QUE NO ES NI SERÁ. PERO POR ALGUNA RAZÓN SE SIENTE TAN REAL. QUIZÁS LA REALIDAD NO EXISTA, QUISAS SOLO SEAMOS UN PERSONAJE INVENTADO QUE TAL VEZ YA FUE PARTE DE OTRA HISTORIA. UNA HISTORIA CREADA POR OTRO SER, QUE ES APODERADA POR OTRO SIN SABERLO. ADORMIDERAS ES EL ETERNO SUEÑO DE AQUEL QUE ELIGE SER PARTE DE UN MUNDO TAN AJENO COMO PROPIO. EL ENSUEÑO DE LA IMAGINACIÓN DONDE TODO SE PERMITE, ESA IMAGINACIÓN QUE PUEDE SER AÚN MÁS REAL QUE LA MISMA REALIDAD QUE NOS TOCA VIVIR. TODOS SOMOS PERSONAJES ATRAPADOS ¿EXISTE LA VERDAD?, PORQUE QUIZÁS NI SIQUIERA NOSOTROS SEAMOS REALES, Y TODOS SEAMOS LA SIMPLE E INMENSA IMAGINACIÓN DE OTRO SER.
DISPONIBLE MOMENTANEAMENTE EN WATTPAD. ADORMIDERAS JAVIER JUST.
viernes, 19 de enero de 2018
viernes, 12 de enero de 2018
DIVAGUE
Divague
El día que comencé a morir deje de preocuparme. Yo
sabía cómo serian las cosas, un funeral vacío algunos buenos amigos que me
llorarían un rato y tal vez se emborrachasen en mi honor. Pero los muy hijos de
puta seguirían sin conocerme, aun en mi lecho de muerte. Ni siquiera sabrían la
música que verdaderamente me gustaba y los autores literarios que llegue a admirar
con verdadera sinceridad, y no por mera cuestión de parecer culto. Tal vez un
poco seria mi culpa por ser un solitario, pero no, la verdadera culpa seria de
ellos que siempre perdieron más tiempo en observarse los huevos, creyendo que
nada es más importante que ello, ni siquiera un amigo que está a punto de
morir. Esos seres egoístas, y no hablo solo de esos dos o tres amigos, sino de
los egoístas en general, nunca llegaran a comprender los verdaderos detalles de
la vida. Tal vez ni siquiera lleguen a amar a una mujer de enserio. Porque
implicaría una pérdida de tiempo en su estúpido narcisismo.
Para que iba a hacerme mala sangre, si después de todo,
la muerte no tiene solución. Creo que dios en sueños a todos debería decirnos
la fecha exacta de nuestras muerte, entonces sin duda viviríamos diferente. Y a
la mierda con aquellos pobres idiotas que pasen toda su vida martirizándose
porque saben cuándo van a morir y por ello no saben disfrutar del vivir. Pero
bueno, tal vez este divagando por mi pronta muerte. Ya dije que deje de preocuparme, no tenía
miedo a morir, y me convertí en un ser abyecto y desalmado. Muchos se vuelven bondadosos,
tratan de reparar sus males hechos en vidas con simples perdones poco antes de
morir. Pero yo no; porque me consideraba un ser bueno, con alguna hijaputes,
pero nada terrible. Por lo general siempre me había mantenido en raya haciendo
lo correcto y, ya no lo quería más. No quería hacer el bien para ganarme el
cielo, no me interesaba, algo me decía que tenía que ser un hijo de puta. Lo
primero que hice fue abandonar a mi mujer, hacía tiempo que no la amaba más y
no me animaba a dejarla. Después de todo caí en la conclusión que dejarla no
era algo terrible, si no algo bueno para ella. Yo había amado a aquella mujer
con toda mi alma, pero con el tiempo aquel amor se fue muriendo hasta
convertirse en nulo. Y sin embargo seguía manteniendo dicha relación. No era
justo para ella, claro que no era justo que viviese con un tipo que ya no la
amaba. Así que después de todo seguía siendo un bonachón y no abyecto y
desalmado. Lo segundo que hice fue comprarme un arma y una botella de buen escoses,
lo tercero, alquilarme un cuarto barato en los suburbios donde pasar mis
últimos días. No fui a un hotel cinco estrellas porque no tenía dinero, y si lo
hubiese tenido tampoco lo hubiese hecho, de que serbia la frivolidad si estaba
pronto a morir. Para muchos tal vez ese sea el punto, pasarla con la mayor
frivolidad posible tratando de ahogar las penas de la sabida muerte en: viajes,
putas, drogas, etc. A mí me resultaba
una idiotez, después de todo, todos sabemos que algún día vamos a morir. Y eso
no me da la escusa del reviente, si uno es un reventado es porque lo es y ya.
Yo solo tenía el vicio del alcohol, y no de forma desesperada. Bebía de vez en
cuando y de cuando en cuando me emborrachaba.
Tenía mi arma, mi botella de whiskies y un cuarto
donde dormir. Me tire en la cama, deje
el arma sobre la mesa de luz y la botella sobre el suelo. No sé porque se me
hiso presente la imagen de una mujer en particular, alguien con quien nunca
había tenido sexo. No había sido la mujer más importante de mi vida, y sin
embargo ella aparecía en mi divague. No sé si fue un hecho casual el pensar en
aquella persona. Yo conocía a esa mujer de mucho tiempo atrás. La primera vez
que trate de acercarme a ella me había dicho algo que me quedo grabado. Yo
había tratado de besarla sin respuesta favorable, pero no se ofendió, hasta se
sintió alagada. Para aquel entonces ella mantenía una relación con un tipo que
al decir verdad no la merecía, yo lo conocía, pero no era amigo. Me dijo que
sería incapaz de engañarlo y me pareció bien, una mujer que respetaba a un
cerdo a su lado. Me parecía bien que no lo engañase, lo que no me parecía bien
era que siguiese a su lado. Pero haya ella, era su vida y yo no era quien para
meterme. Después de todo yo no quería enamorarla y que dejase a aquel sujeto
para huir junto a mí. Ella lo entendía a la perfección, sabía que yo no le
daría el amor que su pareja le negaba por desconsiderado. Y prefirió dejar las
cosas como estaban, aunque sus ojos reflejasen que se moría de ganas de
acostarse conmigo, si hubiese insistido habríamos terminado cogiendo como
desesperados. Pero no lo quise, sobre todo cuando me dijo que no podía cambiar.
Que todo en su vida estaba mal y que no había remedio. Yo no quería convencer a
una pobre chica de que estaba equivocada, yo no la quería convencer que si se
acostaba con migo se sentiría mucho más feliz al menos por un rato. No la
quería convencer de que podía dejar a ese tipo y encontrar a un mejor amor. No
la quería convencer por más que yo así lo creyese, porque tal vez ella tuviese
razón, y yo no era quien para ilusionarla. Pero si ella tenía razón era tan
solo por una cosa, por cobardía. Sentí pena por ella, y no me gusta sentir pena
por nadie, pero la pobre estaba triste aunque su actitud siempre demostrara lo contrario, la pobre tenía miedo de dejar a
aquel tipo que sin dudas no amaba, por miedo a quedarse sola, por miedo a no
hallar a nadie más en la vida que le brindase un poco de cariño. Era una
actitud totalmente patética, como la que yo había tenido estando al lado de una
mujer que ya no amaba, y el descubrir mi pronta muerte fue el disparador para
dejarla. Había perdido mucho tiempo e injustamente le había hecho perder mucho
tiempo a mi ex mujer. Lo mismo pasaba con
esta chica que había perdido mucho tiempo por cobardía. En aquel entonces había
obtenido la respuesta de la boca de aquella mujer a un problema que yo aun no
tenia. Simplemente si hubiese recordado antes dicha conversación, si hubiese
recordado la lastima ajena y el patetismo que sentí, hubiese encontrado empatía
con migo mismo y quizás no habría perdido tanto tiempo en tomar una simple
decisión. Bueno, si la imagen de aquella chica había aparecido en mis recuerdos
no me quedaba más que salirla a buscar. Puse el arma en mi cintura, tome la
botella de whiskies y Salí a la calle. Hacía ya algún tiempo considerado que no
la veía, ya no tenía su número telefónico pero sabia donde vivía, al menos
donde vivía hasta que nos dejamos de ver. Cuando digo “nos dejamos de ver”, me
refiero a reuniones entre amigos y cosas por el estilo, nunca fuera de dicho
circuito. Me dirigí a su casa. Para mi suerte seguía habitando dicho lugar,
sonrió al verme, y yo sonreí también. Se sorprendió un poco al advertir mi
presencia con una botella en la mano,
pero igualmente me invito a pasar. Le pedí que acercara dos vasos. “es que no
me gusta beber solo” le dije. Acerco los vasos aun sorprendida; ella no me
recordaba como un alcohólico o un simple borracho. Así era el sujeto por el que
no había querido besarme.
-¿Que celebramos?- me pregunto con una dulce sonrisa,
esa sonrisa que yo aun descubría con un dejo de tristeza.
-Nuestro rencuentro, que más.
Bebimos, ella aun se encontraba confundida, pero se la
notaba alegre por mi presencia, tal vez por eso no quiso seguir indagando sobre
mi inesperada visita.
Era mayor que
yo, dos o tres años, yo tenía treinta y uno, pero los años con ella no habían
sido tan agraciados como para con migo. La diferencia de edad entre nosotros
parecía aun mayor. Digo, en su rostro se notaba lo sufrida, esas marcas de
amargura son difíciles de ocultar. Por alguna razón aquella dureza en su rostro
me atraía. Su cuerpo seguía estando bien, nunca había sido destellante pero sin
duda era atractivo. Convengamos que aquel era un cuerpo del que yo había
querido probar y no había podido, quizás si hubiese tenido sexo con ella aquel
cuerpo ya no me interesaría para nada, o tal vez todo lo contrario, no lo sé.
Bebimos media botella, ella comenzaba a emborracharse
pero yo aun no. Creo que nunca en mi vida sentí un tipo de energía igual,
prácticamente estábamos teniendo sexo sin tocarnos, su mirada me penetraba, sus
labios húmedos y el juego de su lengua sobre ellos eran un ritual extasiante.
Ambos comprendimos que habíamos perdido mucho tiempo, que tendríamos que
habernos acostados aquella noche en donde yo trate de robarle un beso sin
éxito. Pero algo bueno había en haber prolongado nuestro encuentro tanto
tiempo, éramos como dos seres vírgenes ardiendo por nuestra primera vez, al
mismo tiempo con la experiencia para poder disfrutar de semejante ardor que tan
pocas veces suelen repetirse con tal intensidad. Ella me hablaba casi entre
gemidos mientras jugaba con el vaso de whiskies revolviendo el hielo con su
dedo índice para luego depositarlo muy suavemente entre sus labios. Su pecho se inflaba más de la cuenta al
respirar, al igual que el mío. La observe fijamente a los ojos y comprendió de
inmediato, se abalanzo sobre mi abriéndose de piernas sobre mi regazo, nos
besamos como solo dos seres que tienen el mismo grado de excitación pueden
hacerlo, de una manera irrepetible a la posteridad. Luego se aparto casi con
brusquedad de mí, pero no con rechazo, sino como alguien que cae en la cuenta
de algo que está por pasar. Lo primero que pensé irrefutablemente fue que aquel
tipo que no había querido engañar aquella vez estaría al caer en la casa. Sin
embargo ella me dijo que su madre estaba a punto de llegar con su hija.
Recuerdo a aquella niña que ya tendría unos quince años, no era hija del sujeto
que para mi entender no la merecía, sino de uno que la había embarazado y luego
desaparecido. Le dije que tenía un cuarto donde podíamos ir, me dijo que estaba
bien y escribió una nota para su madre e hija. Yo no pude ver lo que la nota
decía, pero para mí estaba dirigida a aquel hombre que tantos disgustos le
causaba.
Nos largamos de allí, apresurados y conteniéndonos
para no terminar cogiendo en medio de la vía publica. Finalmente llegamos a
aquel cuarto de alquiler. Muchas veces he descrito escenas o situaciones de
sexo, pero no podría describir aquella. Desde que comenzamos nuestra vida
sexual solemos tener altibajos. No todos los polvos que echamos suelen ser
supremos, tal vez sean los mínimos, el caso es que aquel fue el mejor encame de
mi vida, yo estaba pronto a morir y prácticamente me despedía de lo terrenal
teniendo el mejor sexo de mi vida. Y lo mejor aun, no estaba enamorado de
aquella mujer, lo que era una ventaja porque me impedía sufrir porque dentro de
poco ya no tendría su amor.
Desnudo y transpirado me quede tendido sobre la cama.
Ella no se quedo junto a mí, sino que salió de aquella cama completamente
desnuda para tomar el arma que yo había dejado en el suelo tratando de
ocultarla bajo la misma. Ella lo había notado, había notado que yo tenía un
arma y no había dicho nada. Había separado a la perfección la duda del: “¿para
qué tendrá un arma?”. Para tener el mejor sexo de su vida, o al menos para que
yo lo tuviese. Aun poniendo en riesgo su propia vida, porque tal vez mi
intención fuera matarla. Pero yo no quería matarla, yo no quería matar a nadie,
ni siquiera a mí mismo. La vi empuñar el arma y algo me dijo que no era la
primera vez que lo hacía. Me apunto con decisión, no era su intención
asustarme, y yo tampoco lo hice. No temí ni por un segundo en que disparara
aquellas balas sobre mi cuerpo, sabía que no lo aria. Pero por un instante lo
desee. Desee que disparara sobre mí, que dejara mi cuerpo ensangrentado sobre
aquella cama incomoda de aquel cuarto mugroso. Que se vistiera a las apuradas y
saliera huyendo del sitio aquel. Pero no
lo hizo. Seguro. ¿Por qué iba de hacerlo?, ¿Por qué iba a matarme? El
desquiciado era yo al pensar dicho escenario, por cargar un arma por las calles
quien sabe con cual o que intención. Quizás
quisiera saber que se siente ser un asesino. Pero jamás me animaría a
dispararle a nadie. Entonces ocurrió algo que yo jamás hubiese esperado, la
chica me puso el arma en la mano y me pidió que la mate. No era yo el único
desquiciado en aquel cuarto. Y por primera vez tuve miedo, la vi tan decidida
que me asuste. ¿Para qué había comprado ese arma?, si ni siquiera iba a pegarme
un tiro, no lo necesitaba, pues yo ya estaba muriendo. Ella quería que la mate,
y yo era quien iba a morir. Le dije que no lo aria, deje el arma sobre la cama
y le dije que si quería ella misma podría matarse.
Nunca creí en el destino escrito, siempre fui de los
que piensan que al destino hay que forjarlo. Pero yo no había forjado el
destino de mi muerte. Yo no había elegido morir lentamente. Pero de alguna
forma había forjado el destino de
aquella mujer que decidió pegarse un tiro en la boca frente a mí. ¿Y
todo por pensarla? ¿O por haberla conocido diez años atrás? Inexplicablemente
fui clave en el final de sus días, con cruzarnos una vez, claro que no de
casualidad porque la había ido a buscar, pero con esa sola vez basto para que
ella pusiera fin a su destino, escrito o forjado. Ahora se para que compre el
arma, ahora sé porque la pensé, ahora se porque había rechazado mi beso años atrás; y no me gusto para nada
formar parte de aquel plan diabólico construido por no sé quién. ¡Por ella!,
¡por mi!, ¡por los dos!, ¡por el universo! por la necesidad de que todo siga
girando. No lo sé, ella estaba muerta y yo no sabía por qué. Ni siquiera había
sido su confidente, solo su medio. No llore, no pude llorar, la situación no lo
ameritaba. Yo no era quien debía hacerlo, las lagrimas correctas para quien las
merezca. Y nosotros, no nos merecíamos.
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