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sábado, 12 de mayo de 2018


¿Qué fue lo que paso, acaso todo lo que creíste no era cierto?, son malas noticias verdad. Pero no es el final, no te preocupes, el fin comenzó desde el día que naciste. Todo lo que ves es efímero. ¿Hay que preocuparse entonces? Yo que te vi llorar y hasta suplicar, te digo no te preocupes. Como si eso fuera tan fácil. Suena más contundente decirlo que hacerlo. Pero no te preocupes, tal vez todo no sea un engaño, tu sonrisa es verdadera, sé que eso no te es suficiente. Porque sabes que tu sonrisa, que mi mirada; no detendrán los males de este mundo. Y no voy a decirte que no es tu culpa, porque de alguna forma lo es, lo sos, tanto como lo soy yo. Pero debe haber algo de cierto en todo este maquineo manicomio, debe haberlo, o no existirías, de eso estoy seguro. Pero claro, la lluvia no lava las penas, ver salir al sol no alcanza. El conformismo nunca te sentó bien. ¿Qué fue lo que paso? Debiste no haber creído, ¿pero que fue en lo que creíste?, si conociste un mundo desecho, lo vez envejecer y agonizar cada nuevo día. Y vos vas a desaparecer antes que este maldito mundo. Sin embargo, en algo creíste, y ese es tu penar. Y yo que te dije que no te preocupes, me atrevo a disculparme por ello. Porque si en algo creíste, como no vas a preocuparte. Como no vas a despertar cada día con la ilusión del crédulo, no lo digo despectivamente. Y anhelo que puedas seguir creyendo que algo es verdaderamente cierto, tal vez eso te mantenga con vida, tal vez yo, ya descreído, este empezando a agonizar.

jueves, 10 de mayo de 2018

¡Enfermo de literatura no puedo escribir bien!, plagio esta frase; la hoja en blanco frente a mi, o en este caso el blanco segador del monitor vuelve a ganarme. Pero tranquilo, solo es una batalla más perdida ante la literatura

martes, 10 de abril de 2018

la caceria

La cacería
Era una noche húmeda y calurosa de diciembre, el año comenzaba a llegar a su fin. Para mi había sido un año más, sin penas ni glorias. Un año más sin logros destacados, un año más que no me interesaba despedir, ni darle la bienvenida al nuevo año prospero. La gente suele alborotarse mucho para dichas fechas; no es algo que me moleste, pero en lo personal nunca llegare a comprender dicho alboroto. Tal vez sea una persona carente de emociones. El punto es que el calor agobiaba, estar en el balcón de mi mono ambiente no calmaba la humedad ni el calor. Decidí darme una ducha, luego volví al balcón, encendí un cigarrillo, observe las calles de la pequeña ciudad a la que encontré particularmente vacía. Dicha observación no me perturbó, solo me causo curiosidad. Decidí bajar a las calles a dar una vuelta, no quería seguir en aquel departamento sintiendo una extraña sensación de encierro.
En las calles no corría una gota de aire, aun así podía percibirse la estática que terminaría desatando la tormenta. Camine aletargadamente, sin prisas, no tenía lugar donde ir, más que el retorno a mi departamento. La noche se prestaba para beber una cerveza bien fría, por lo que me dispuse a buscar algún bar abierto para realizar mi cometido. Di algunas vueltas como si en verdad no supiera que bar estaría abierto, era algo que lo tenía en claro. Solo camine para sentir más el calor en mi cuerpo y poder llegar a dicho bar y que se representara en mí como una especie de oasis en medio del desierto, que eran aquellas calles vacías. Salude a Gaspar (el dueño del bar); me acode en el mostrador y di el primer sorbo a la cerveza, el primer trago siempre es el que más se disfruta. Solo había tres o cuatro personas en dicho bar, incluyéndome. La humedad del clima caluroso me calaba en los huesos, en cualquier momento la tormenta se desataría, yo regresaría a mi casa bajo aquel aguacero, no era algo que me preocupara.
Termine de beber mi cerveza, pensé en pedir otra pero con rapidez desistí de la idea. Salí del bar, aun no llovía, pero el cielo ya se encontraba completamente encapotado. Comencé a caminar hacia la esquina con dirección a mi departamento, unos metros antes de llegar a ella una mujer cruzo corriendo a toda velocidad, me detuve unos segundos, la escena me llamo altamente la atención. Guiado por un impulso desvié mi camino y marche en dirección a la que la mujer se había dirigido. No se cual era mi intención, no se si quería encontrar a aquella mujer. El viento comenzó a soplar trayendo los primeros rastros de la pronta lluvia. Las calles seguían desiertas, un automóvil pasó junto a mí a toda velocidad, frenando bruscamente en la esquina. Dos hombres se bajaron de el y se dirigieron a mí. Me preguntaron si no había visto a una chica pasar, me describieron como era, pero yo no había tenido la oportunidad de ver los detalles en aquella mujer. Instantáneamente dije que no, que no había visto a nadie pasar por esas calles. Se retiraron, aquella escena me perturbó, ahora si sentía la necesidad de encontrar a aquella mujer. ¿Pero dónde podía encontrarla?, solo me quedaba caminar, ¿pero hacia a dónde? Solo tenía tres opciones, y resultaban demasiadas. Podía seguir derecho o, virar hacia la izquierda o derecha de la calle. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, como el auto había doblado a la izquierda, decidí seguir mi camino en línea recta.
El viento soplaba con más fuerzas, pero la lluvia aun no se volvía copiosa. Comprendí que cada vez me alejaba más de mi casa por aquellas calles solitarias, donde en el imaginario mental solo podía ocurrir lo peor. De pronto la mujer aparece de la nada y se posa frente a mí, solo a unos cuantos metros, su rostro estaba tapado por su cabello. Atine a decirle “hola” mientras me dirigía hacia ella con cautela. Se mantuvo estática, estando más cerca pude notar que la mujer no era más que una joven que no pasaba los veinte años. Traía las ropas sucias, acerqué mi mano lentamente hacia su rostro, descubriendo el mismo que ocultaba su cabello. Su cara estaba golpeada, levantó la vista y me observo directo a los ojos. “me están cazando”, me dijo, desde ya que no comprendí, pero indudablemente los sujetos del auto la estaban persiguiendo. “ven conmigo le dije”, y comencé a arrastrarla hacia mi casa. En la siguiente esquina el auto nos intersecto, ella gritó y comenzó a correr. No pudo escapar, alguien me golpeó en la nuca y caí al piso, mi mirada era borrosa, el cielo estallo en un inmenso relámpago y el aguacero comenzó a caer ferozmente. Me incorpore como pude, la chica fue golpeada sobre el asfalto y arrastrada hacia las inmediaciones del auto. Quise defender a la chica pero no supe cómo, uno de los sujetos me dijo que me quedara tranquilo, que me encontraba a salvo, señalando a la chica. Como si en verdad me estuvieran salvando de ella. La lluvia era cada vez más torrencial, el agua en mi rostro no me dejaba distinguir casi nada. Uno de los sujetos, de los cuales eran tres, preguntó qué hacían con la chica. Otro respondió que ya no había más que hacer, arrastrándola hasta el desagüe que estaba anegado por el agua, puso su rostro sobre el, pisando su cabeza hasta que la chica se ahogó. Se subieron al auto, uno de los sujetos me pregunto si precisaba que me alcanzaran a algún sitio, que la lluvia era terrible. Al no responderle me dijo “no te preocupes, ahora el mundo está un poco mejor”. Se fueron, me acerqué a la chica, la levante como pude, comencé a llorar, mientras arrastraba su cadáver en dirección a mi pequeño departamento, del cual nunca tendría que haber salido aquella noche de diciembre.

jueves, 22 de marzo de 2018

LA SITUACION


La situación
Me dormía pensando en dicha situación, me despertaba pensando en la misma; y para colmo de males mis días transcurrieran pensando en esa situación. Y me preguntaba, ¿no debo ser el único al que le ocurre? ¿Debe haber cientos, seguro miles de personas a las que les suceda lo mismo? Pero para ser sinceros aquello no resultaba consuelo para mí. Yo ya no quería que me ocurriera esa situación maldita, ese pensamiento que jamás se alejaba y cada vez se hacía más y más presente.
Si me sentaba a tomar un café en algún bar, siempre lo hacía del lado de afuera, por más que hiciera un frio que escarchase mi frágil barba, o diluviase, o el calor fuera tan insoportable que lo que uno menos quiere es estar del lado de afuera, que parecería ser el mismo infierno, sino que busca un lugar del lado de adentro del mundo con aire acondicionado. Pues a mí no me importaba nada de eso, si me sentaba en un bar quería estar del lado de afuera, son dos mundos completamente distintos, eso lo sabe cualquier mortal, y aunque no lo crean, hace a la diferencia de las personas. Volviendo al tema de dicha situación que me perseguía amenazantemente y, conectándola con el tema del bar, a lo que quería ir es que ahí estaba. La persona que se sentaba del lado de adentro del bar, la persona que se sentaba fuera del bar que tenia mayor similitud con migo, en todos ellos estaba la situación, mujer, hombre, no importaba. No importaba el sexo, la religión el país de origen, la provincia abandonada y entrañablemente recordada. Todo me comunicaba con la situación. El dilema era que la situación que me perseguía y me atormentaba no estaba en esas personas, ni en el mozo del bar, ni en los colectivos o taxis. Estaba en mi cabeza, de eso no había duda.
 Necesito detenerme por un instante y explicar algo. No estoy loco, la situación es real y existente. Quizás si me haya vuelto un poco paranoico. Pero cuando digo que está en mi cabeza es justamente por eso, porque no puedo librarme del pensamiento, pero la situación es fáctica. El dilema es como dejar de pensar en ella, si ya no se quiere pensar en ella, ¿cómo alejase de ella? si ya no la quiero cerca. Y sobre todo, como poder descansarde ella, y lo digo literalmente. Apoyar la cabeza sobre la almohada y dormir plácidamente, sin que la situación me de vueltas todo el tiempo por la cabeza, por mi mente perturbada. Quizás esa sea la palabra indicada, soy un perturbado, porque ya les he dicho que no estoy loco, pero tal vez si perturbado. Ahora, ¿cual es la distancia definitiva entre la perturbación y la locura? Quizás sea más corta de lo que uno piensa, pero pensar en ello me volvería loco. Me perturbaría tanto que terminaría por enloquecer, entonces estando loco la situación que me persigue ya no sería real, al menos para el resto de los mortales, porque quien le creería a un loco nada. Entonces el dilema sería muy diferente, porque yo estaría loco, pero con la certeza y la cordura de que mi situación per siguiente y asechadora es puramente real. Pero terminaría por confundirme, llegaría un momento en el cual ya no distinguiría mis raptos de cordura con la locura concreta, y perdería la visión de la situación que me asecha gracias a la gran negación de los demás, que han señalado tan arbitrariamente mi situación para sentenciarla como parte de mi locura. Y si lo pienso bien, eso no sería ningún problema, mi situación seguiría siendo real. ¿O acaso los locos no creen en todo lo que imaginan?
El caso es que yo no quiero volverme loco, solo quiero controlar mi situación, la gente controla sus situaciones todo el tiempo, se abstraen de la misma, la niegan, salen a correr, las drogan o hacen yoga. Lo importante es que las controlan, pero yo no lo consigo. Hay días que pienso en pegarme un tiro. Debo hacer otro paréntesis y explicar que no tengo pulsiones suicidas, no quiero pegarme un tiro para matarme. Dicha idea la saque de una película en la cual el personaje se pegaba un tiro para matar a su otro yo. Digamos al señor hyde, ya deben imaginarse a la película que me refiero. Bueno el punto es encontrar, justamente dicho punto en mi cerebro donde se encuentra presente mi situación a la que quiero desaparecer. Y con mucha sutileza pegarle un tiro, el problema es que si no lo hago bien corro el riesgo de morir, y si moriría todo el mundo pensaría que fue un suicidio, porque claro, quien pensaría que el muy imbécil murió queriendo acecinar a esa situación que tanto malestar le causaba. Y no me interesa quedar a la posteridad como un suicida. Pensé en ver a un neurólogo, para que tratara de investigar mi cerebro y ver en qué parte justa se encuentra dicha situación, así entre los dos poder ver de qué manera pegarme el tiro para no terminar con mi vida. Fue una idea de la cual desistí muy rápidamente. Ustedes dirán, porque no fue a un psicólogo, y yo les responderé, ¡claro que fui a un psicólogo!, pero no me sirvió absolutamente de nada, solo para perder tiempo y dinero. Se pusieron a pensar alguna vez que un psicólogo es como un amigo pago, te escucha y te da consejos, pero por una módica suma de dinero. El tema es que la situación sigue rondando en mi cabeza, pero he de confesar que he logrado dominarla por lapsos muy cortos, en principio lo considere un avance, si había logrado dominarla al menos por unos segundos, eso quería decir que si me lo ponía como meta tarde o temprano lograría tener el control absoluto de dicha situación. Lo que nuestra mente quiere y fija es lo que conseguimos, la ley de la atracción. Entonces decidí hacer un trabajo prolijo de tratar de dominar con mi mente aquella situación que ya no quería más en mi vida. Y lo hacía, todos los días. Por consiguiente todos los días seguía pensando en la misma situación y la misma seguía tan pegada a mí como siempre. El simple hecho de pensar que no lo quería hacia que lo pensara y que creciera cada vez más dentro de mí. La situación me había dominado, me había oscurecido. Me resigne, que otra cosa podía hacer, si no era capaz de abolir dicha situación que otra cosa podía hacer. ¿Tratar de convivir con ella?, ya sabemos que las convivencias no son fáciles y con el tiempo terminan por destruir a las parejas y separándolas.  Entonces comprendí que la solución había llegado. Esa maldita situación era mi pareja con la cual debía convivir, y como yo ya no la quería a mi lado el tiempo se encargaría del resto, el dilema era cuanto tiempo mas debía seguir conviviendo con alguien a quien no deseo, porque también es sabido de la existencia de parejas que no se soportan, y quizás hasta se odien pero crean tal simbiosis entre sí que no logran separarse, y por consiguiente viven el resto de su vida unidos. Entonces, la aparente solución ya no era tal, la decepción me había inundado, y me pregunte nuevamente que era lo que debía hacer, por supuesto que no tenía la respuesta. Solo una cosa me quedaba por hacer, esperar a la muerte, la muerte de mi amarga situación para la liberación final. Pero otra pregunta me surgió, quien moriría antes, la espesa y maliciosa situación, o tal vez yo terminaría muriendo antes que ella, y entonces de esa manera seria ella quien se libraría de mí para siempre. No me quedaba más que esperar, después de todo lo único que hacemos en la vida es esperar, esperar el tren, esperar las doce para que sea navidad, esperar el parto, esperar al amor indicado, esperar no envejecer aunque resulte imposible. ¡Esperar!, y yo debía esperar y tratar de no volverme loco en dicha espera. Después de todo tarde o temprano la situación se cansaría de mí y se marcharía tal cual el día que llego. Y si no, bueno, seguiremos juntos odiándonos en esta vida hasta que la muerte nos separe.



martes, 6 de febrero de 2018

No nacimos rebeldes porque nacimos libres, luego cada institución, la familia, la iglesia, la escuela, fueron destruyendo nuestra libertad. Queriendo moldear nuestra forma de pensar, entonces tuvimos que descubrir la rebeldía, para redescubrir la libertad, destruir todo lo impuesto. La rebeldía siempre será necesaria para conocernos, siempre será necesario un no ante un si eterno. El rebelde no es malo, la rebeldía no es mala. Solo es lo que te quisieron imponer de chicos para poder manejarte con hilos eternos

viernes, 26 de enero de 2018

ALGÚN RELATO PROPIO O AJENO; PRETENCIOSOS DE MELANCOLÍA, LOCURA, Y UNA VIDA LLENA DE EMOCIONES. EL SUEÑOS DE LAS ADORMIDERAS ES EL JUEGO MENTAL DE LO NO ACABADO; DE AQUELLO QUE NO ES NI SERÁ. PERO POR ALGUNA RAZÓN SE SIENTE TAN REAL. QUIZÁS LA REALIDAD NO EXISTA, QUISAS SOLO SEAMOS UN PERSONAJE INVENTADO QUE TAL VEZ YA FUE PARTE DE OTRA HISTORIA. UNA HISTORIA CREADA POR OTRO SER, QUE ES APODERADA POR OTRO SIN SABERLO. ADORMIDERAS ES EL ETERNO SUEÑO DE AQUEL QUE ELIGE SER PARTE DE UN MUNDO TAN AJENO COMO PROPIO. EL ENSUEÑO DE LA IMAGINACIÓN DONDE TODO SE PERMITE, ESA IMAGINACIÓN QUE PUEDE SER AÚN MÁS REAL QUE LA MISMA REALIDAD QUE NOS TOCA VIVIR. TODOS SOMOS PERSONAJES ATRAPADOS ¿EXISTE LA VERDAD?, PORQUE QUIZÁS NI SIQUIERA NOSOTROS SEAMOS REALES, Y TODOS SEAMOS LA SIMPLE E INMENSA IMAGINACIÓN DE OTRO SER.
DISPONIBLE MOMENTANEAMENTE EN WATTPAD. ADORMIDERAS JAVIER JUST.

viernes, 12 de enero de 2018

DIVAGUE

Divague
El día que comencé a morir deje de preocuparme. Yo sabía cómo serian las cosas, un funeral vacío algunos buenos amigos que me llorarían un rato y tal vez se emborrachasen en mi honor. Pero los muy hijos de puta seguirían sin conocerme, aun en mi lecho de muerte. Ni siquiera sabrían la música que verdaderamente me gustaba y los autores literarios que llegue a admirar con verdadera sinceridad, y no por mera cuestión de parecer culto. Tal vez un poco seria mi culpa por ser un solitario, pero no, la verdadera culpa seria de ellos que siempre perdieron más tiempo en observarse los huevos, creyendo que nada es más importante que ello, ni siquiera un amigo que está a punto de morir. Esos seres egoístas, y no hablo solo de esos dos o tres amigos, sino de los egoístas en general, nunca llegaran a comprender los verdaderos detalles de la vida. Tal vez ni siquiera lleguen a amar a una mujer de enserio. Porque implicaría una pérdida de tiempo en su estúpido narcisismo.
Para que iba a hacerme mala sangre, si después de todo, la muerte no tiene solución. Creo que dios en sueños a todos debería decirnos la fecha exacta de nuestras muerte, entonces sin duda viviríamos diferente. Y a la mierda con aquellos pobres idiotas que pasen toda su vida martirizándose porque saben cuándo van a morir y por ello no saben disfrutar del vivir. Pero bueno, tal vez este divagando por mi pronta muerte.   Ya dije que deje de preocuparme, no tenía miedo a morir, y me convertí en un ser abyecto y desalmado. Muchos se vuelven bondadosos, tratan de reparar sus males hechos en vidas con simples perdones poco antes de morir. Pero yo no; porque me consideraba un ser bueno, con alguna hijaputes, pero nada terrible. Por lo general siempre me había mantenido en raya haciendo lo correcto y, ya no lo quería más. No quería hacer el bien para ganarme el cielo, no me interesaba, algo me decía que tenía que ser un hijo de puta. Lo primero que hice fue abandonar a mi mujer, hacía tiempo que no la amaba más y no me animaba a dejarla. Después de todo caí en la conclusión que dejarla no era algo terrible, si no algo bueno para ella. Yo había amado a aquella mujer con toda mi alma, pero con el tiempo aquel amor se fue muriendo hasta convertirse en nulo. Y sin embargo seguía manteniendo dicha relación. No era justo para ella, claro que no era justo que viviese con un tipo que ya no la amaba. Así que después de todo seguía siendo un bonachón y no abyecto y desalmado. Lo segundo que hice fue comprarme un arma y una botella de buen escoses, lo tercero, alquilarme un cuarto barato en los suburbios donde pasar mis últimos días. No fui a un hotel cinco estrellas porque no tenía dinero, y si lo hubiese tenido tampoco lo hubiese hecho, de que serbia la frivolidad si estaba pronto a morir. Para muchos tal vez ese sea el punto, pasarla con la mayor frivolidad posible tratando de ahogar las penas de la sabida muerte en: viajes, putas, drogas, etc.  A mí me resultaba una idiotez, después de todo, todos sabemos que algún día vamos a morir. Y eso no me da la escusa del reviente, si uno es un reventado es porque lo es y ya. Yo solo tenía el vicio del alcohol, y no de forma desesperada. Bebía de vez en cuando y de cuando en cuando me emborrachaba.
Tenía mi arma, mi botella de whiskies y un cuarto donde dormir.  Me tire en la cama, deje el arma sobre la mesa de luz y la botella sobre el suelo. No sé porque se me hiso presente la imagen de una mujer en particular, alguien con quien nunca había tenido sexo. No había sido la mujer más importante de mi vida, y sin embargo ella aparecía en mi divague. No sé si fue un hecho casual el pensar en aquella persona. Yo conocía a esa mujer de mucho tiempo atrás. La primera vez que trate de acercarme a ella me había dicho algo que me quedo grabado. Yo había tratado de besarla sin respuesta favorable, pero no se ofendió, hasta se sintió alagada. Para aquel entonces ella mantenía una relación con un tipo que al decir verdad no la merecía, yo lo conocía, pero no era amigo. Me dijo que sería incapaz de engañarlo y me pareció bien, una mujer que respetaba a un cerdo a su lado. Me parecía bien que no lo engañase, lo que no me parecía bien era que siguiese a su lado. Pero haya ella, era su vida y yo no era quien para meterme. Después de todo yo no quería enamorarla y que dejase a aquel sujeto para huir junto a mí. Ella lo entendía a la perfección, sabía que yo no le daría el amor que su pareja le negaba por desconsiderado. Y prefirió dejar las cosas como estaban, aunque sus ojos reflejasen que se moría de ganas de acostarse conmigo, si hubiese insistido habríamos terminado cogiendo como desesperados. Pero no lo quise, sobre todo cuando me dijo que no podía cambiar. Que todo en su vida estaba mal y que no había remedio. Yo no quería convencer a una pobre chica de que estaba equivocada, yo no la quería convencer que si se acostaba con migo se sentiría mucho más feliz al menos por un rato. No la quería convencer de que podía dejar a ese tipo y encontrar a un mejor amor. No la quería convencer por más que yo así lo creyese, porque tal vez ella tuviese razón, y yo no era quien para ilusionarla. Pero si ella tenía razón era tan solo por una cosa, por cobardía. Sentí pena por ella, y no me gusta sentir pena por nadie, pero la pobre estaba triste aunque su actitud siempre demostrara  lo contrario, la pobre tenía miedo de dejar a aquel tipo que sin dudas no amaba, por miedo a quedarse sola, por miedo a no hallar a nadie más en la vida que le brindase un poco de cariño. Era una actitud totalmente patética, como la que yo había tenido estando al lado de una mujer que ya no amaba, y el descubrir mi pronta muerte fue el disparador para dejarla. Había perdido mucho tiempo e injustamente le había hecho perder mucho tiempo a mi ex mujer.  Lo mismo pasaba con esta chica que había perdido mucho tiempo por cobardía. En aquel entonces había obtenido la respuesta de la boca de aquella mujer a un problema que yo aun no tenia. Simplemente si hubiese recordado antes dicha conversación, si hubiese recordado la lastima ajena y el patetismo que sentí, hubiese encontrado empatía con migo mismo y quizás no habría perdido tanto tiempo en tomar una simple decisión. Bueno, si la imagen de aquella chica había aparecido en mis recuerdos no me quedaba más que salirla a buscar. Puse el arma en mi cintura, tome la botella de whiskies y Salí a la calle. Hacía ya algún tiempo considerado que no la veía, ya no tenía su número telefónico pero sabia donde vivía, al menos donde vivía hasta que nos dejamos de ver. Cuando digo “nos dejamos de ver”, me refiero a reuniones entre amigos y cosas por el estilo, nunca fuera de dicho circuito. Me dirigí a su casa. Para mi suerte seguía habitando dicho lugar, sonrió al verme, y yo sonreí también. Se sorprendió un poco al advertir mi presencia  con una botella en la mano, pero igualmente me invito a pasar. Le pedí que acercara dos vasos. “es que no me gusta beber solo” le dije. Acerco los vasos aun sorprendida; ella no me recordaba como un alcohólico o un simple borracho. Así era el sujeto por el que no había querido besarme.
-¿Que celebramos?- me pregunto con una dulce sonrisa, esa sonrisa que yo aun descubría con un dejo de tristeza.
-Nuestro rencuentro, que más.
Bebimos, ella aun se encontraba confundida, pero se la notaba alegre por mi presencia, tal vez por eso no quiso seguir indagando sobre mi inesperada visita.
 Era mayor que yo, dos o tres años, yo tenía treinta y uno, pero los años con ella no habían sido tan agraciados como para con migo. La diferencia de edad entre nosotros parecía aun mayor. Digo, en su rostro se notaba lo sufrida, esas marcas de amargura son difíciles de ocultar. Por alguna razón aquella dureza en su rostro me atraía. Su cuerpo seguía estando bien, nunca había sido destellante pero sin duda era atractivo. Convengamos que aquel era un cuerpo del que yo había querido probar y no había podido, quizás si hubiese tenido sexo con ella aquel cuerpo ya no me interesaría para nada, o tal vez todo lo contrario, no lo sé.
Bebimos media botella, ella comenzaba a emborracharse pero yo aun no. Creo que nunca en mi vida sentí un tipo de energía igual, prácticamente estábamos teniendo sexo sin tocarnos, su mirada me penetraba, sus labios húmedos y el juego de su lengua sobre ellos eran un ritual extasiante. Ambos comprendimos que habíamos perdido mucho tiempo, que tendríamos que habernos acostados aquella noche en donde yo trate de robarle un beso sin éxito. Pero algo bueno había en haber prolongado nuestro encuentro tanto tiempo, éramos como dos seres vírgenes ardiendo por nuestra primera vez, al mismo tiempo con la experiencia para poder disfrutar de semejante ardor que tan pocas veces suelen repetirse con tal intensidad. Ella me hablaba casi entre gemidos mientras jugaba con el vaso de whiskies revolviendo el hielo con su dedo índice para luego depositarlo muy suavemente entre sus labios.  Su pecho se inflaba más de la cuenta al respirar, al igual que el mío. La observe fijamente a los ojos y comprendió de inmediato, se abalanzo sobre mi abriéndose de piernas sobre mi regazo, nos besamos como solo dos seres que tienen el mismo grado de excitación pueden hacerlo, de una manera irrepetible a la posteridad. Luego se aparto casi con brusquedad de mí, pero no con rechazo, sino como alguien que cae en la cuenta de algo que está por pasar. Lo primero que pensé irrefutablemente fue que aquel tipo que no había querido engañar aquella vez estaría al caer en la casa. Sin embargo ella me dijo que su madre estaba a punto de llegar con su hija. Recuerdo a aquella niña que ya tendría unos quince años, no era hija del sujeto que para mi entender no la merecía, sino de uno que la había embarazado y luego desaparecido. Le dije que tenía un cuarto donde podíamos ir, me dijo que estaba bien y escribió una nota para su madre e hija. Yo no pude ver lo que la nota decía, pero para mí estaba dirigida a aquel hombre que tantos disgustos le causaba.
Nos largamos de allí, apresurados y conteniéndonos para no terminar cogiendo en medio de la vía publica. Finalmente llegamos a aquel cuarto de alquiler. Muchas veces he descrito escenas o situaciones de sexo, pero no podría describir aquella. Desde que comenzamos nuestra vida sexual solemos tener altibajos. No todos los polvos que echamos suelen ser supremos, tal vez sean los mínimos, el caso es que aquel fue el mejor encame de mi vida, yo estaba pronto a morir y prácticamente me despedía de lo terrenal teniendo el mejor sexo de mi vida. Y lo mejor aun, no estaba enamorado de aquella mujer, lo que era una ventaja porque me impedía sufrir porque dentro de poco ya no tendría su amor.
Desnudo y transpirado me quede tendido sobre la cama. Ella no se quedo junto a mí, sino que salió de aquella cama completamente desnuda para tomar el arma que yo había dejado en el suelo tratando de ocultarla bajo la misma. Ella lo había notado, había notado que yo tenía un arma y no había dicho nada. Había separado a la perfección la duda del: “¿para qué tendrá un arma?”. Para tener el mejor sexo de su vida, o al menos para que yo lo tuviese. Aun poniendo en riesgo su propia vida, porque tal vez mi intención fuera matarla. Pero yo no quería matarla, yo no quería matar a nadie, ni siquiera a mí mismo. La vi empuñar el arma y algo me dijo que no era la primera vez que lo hacía. Me apunto con decisión, no era su intención asustarme, y yo tampoco lo hice. No temí ni por un segundo en que disparara aquellas balas sobre mi cuerpo, sabía que no lo aria. Pero por un instante lo desee. Desee que disparara sobre mí, que dejara mi cuerpo ensangrentado sobre aquella cama incomoda de aquel cuarto mugroso. Que se vistiera a las apuradas y saliera huyendo del sitio aquel.  Pero no lo hizo. Seguro. ¿Por qué iba de hacerlo?, ¿Por qué iba a matarme? El desquiciado era yo al pensar dicho escenario, por cargar un arma por las calles quien sabe con cual o que intención.  Quizás quisiera saber que se siente ser un asesino. Pero jamás me animaría a dispararle a nadie. Entonces ocurrió algo que yo jamás hubiese esperado, la chica me puso el arma en la mano y me pidió que la mate. No era yo el único desquiciado en aquel cuarto. Y por primera vez tuve miedo, la vi tan decidida que me asuste. ¿Para qué había comprado ese arma?, si ni siquiera iba a pegarme un tiro, no lo necesitaba, pues yo ya estaba muriendo. Ella quería que la mate, y yo era quien iba a morir. Le dije que no lo aria, deje el arma sobre la cama y le dije que si quería ella misma podría matarse.

Nunca creí en el destino escrito, siempre fui de los que piensan que al destino hay que forjarlo. Pero yo no había forjado el destino de mi muerte. Yo no había elegido morir lentamente. Pero de alguna forma había forjado el destino de  aquella mujer que decidió pegarse un tiro en la boca frente a mí. ¿Y todo por pensarla? ¿O por haberla conocido diez años atrás? Inexplicablemente fui clave en el final de sus días, con cruzarnos una vez, claro que no de casualidad porque la había ido a buscar, pero con esa sola vez basto para que ella pusiera fin a su destino, escrito o forjado. Ahora se para que compre el arma, ahora sé porque la pensé, ahora se porque había rechazado  mi beso años atrás; y no me gusto para nada formar parte de aquel plan diabólico construido por no sé quién. ¡Por ella!, ¡por mi!, ¡por los dos!, ¡por el universo! por la necesidad de que todo siga girando. No lo sé, ella estaba muerta y yo no sabía por qué. Ni siquiera había sido su confidente, solo su medio. No llore, no pude llorar, la situación no lo ameritaba. Yo no era quien debía hacerlo, las lagrimas correctas para quien las merezca. Y nosotros, no nos merecíamos.